Experto advierte que, antes de aumentar la presión académica, es clave identificar si detrás de las bajas notas existen factores como ansiedad, baja autoestima o dificultades familiares no atendidas.
Con el inicio del año escolar, miles de familias peruanas destinan una parte relevante de su presupuesto a útiles, uniformes, matrículas y tecnología. Sin embargo, más allá del dinamismo comercial propio de la temporada, expertos alertan sobre un componente menos visible pero determinante en la construcción del capital humano: el bienestar socioemocional de niños y adolescentes.
Sandro Farina, psicoterapeuta especializado en psicopatología y dinámicas familiares, sostiene que las bajas calificaciones no siempre se explican por falta de exigencia. “Un estudiante con ansiedad, miedo constante a equivocarse o baja autoestima difícilmente podrá concentrarse y consolidar aprendizajes de manera sostenida”, afirma.
En los últimos años, el Ministerio de Educación del Perú ha reportado brechas persistentes en comprensión lectora y matemáticas, además de alertas en convivencia escolar. Para el especialista, estos indicadores deben analizarse también desde la dimensión emocional, pues influyen directamente en la calidad de la futura fuerza laboral, la empleabilidad y la competitividad del país.
Entre las recomendaciones para un inicio saludable figuran dialogar antes de imponer metas, establecer rutinas previas al regreso a clases, separar el desempeño del valor personal, detectar señales tempranas de ansiedad, aplicar límites claros y dar sentido práctico a los contenidos. “Fortalecer la seguridad emocional es, en el largo plazo, una inversión en productividad sostenible”, concluye.
Estilo de crianza
Sandro Farina refiere que, el inicio del año escolar es también una oportunidad para revisar el estilo de crianza. “La exigencia sin acompañamiento emocional puede generar miedo al error. Y un niño que vive con miedo no aprende, solo intenta no fallar”, enfatiza.
Seis claves para empezar el año escolar con un enfoque más saludable
1. Conversar antes de exigir resultados. Antes de hablar de metas académicas, pregunte cómo se siente frente al regreso a clases. Si muestra resistencia, podría haber miedo a burlas, presión académica o conflictos no resueltos.
2. Establecer rutinas con anticipación. Regular horarios de sueño y uso de pantallas semanas antes del inicio ayuda a reducir ansiedad. Una rutina clara transmite seguridad emocional y mejora la concentración.
3. Separar desempeño de valor personal. Evite frases como “este año sí me tienes que cumplir”. En lugar de presión, refuerce el esfuerzo y la constancia. La autoestima sólida favorece el aprendizaje sostenible.
4. Detectar señales de ansiedad temprana. Dolores de estómago frecuentes, llanto antes de ir al colegio o irritabilidad pueden ser indicadores emocionales. Atenderlos a tiempo previene un deterioro mayor en el rendimiento.
5. Practicar límites claros y coherentes. Disciplina no es gritar ni humillar. Es establecer reglas claras sobre estudio, descanso y tecnología, manteniendo firmeza con respeto.
6. Dar sentido a lo que aprende: para qué sirve. Antes de exigir resultados, ayuda a tu hijo a conectar lo escolar con su vida diaria: “¿En qué te puede servir esto?”. Por ejemplo: las matemáticas para administrar dinero y resolver problemas; la lectura para comprender instrucciones y detectar información falsa; y ciencias para entender su cuerpo y cuidar la salud. Cuando el aprendizaje tiene propósito, aumenta la motivación y baja la resistencia.