Desde hace meses, 3 o 4, ya no sé cuántos; estamos en pandemia declarada en Latinoamérica, en aislamiento o confinamiento o la recomendación de salir lo menos posible, de evitar que la gente tenga contacto directo.
La pandemia ha generado miles de muertos alrededor del mundo y consecuencias, económicas tales como cierres de pequeños y medianos negocios, así como despidos masivos de personal.
Por lo que, en estos meses, una de las palabras más usadas tanto en la televisión, la radio y sobre todo en los grupos de whatsapp o telgram es la “empatía”. Últimamente, todos tienen la costumbre de decir, sé empático con él, con ella, con ellos o con su situación.
Sin embargo, pocas personas saben lo que es la empatía. Según la Real Academia de la Lengua Española es “la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”, es decir, es un sentimiento a través del cual, te sientes como alguien más.
Utilizo este espacio para aclarar que actualmente, la palabra es usada indiscriminadamente, es empleada en cualquier situación y para cualquier persona. Si te enteras que robaron a tu vecino, dices: seré empático con él; si se murió el tío de una amiga, dices: seré empático con ella; si te platican que murió una periodista, le dices a la persona que te lo contó: sé empático con su familia.
La palabra empatía ha dejado de tener el valor que tiene realmente, ha pasado a ser una palabra que en cualquier situación la gente usa sin tener el menor cuidado de lo que realmente significa.
La empatía es un sentimiento humano, pero no es un sentimiento primario como lo son: alegría, tristeza, ira, aversión, miedo y sorpresa (si tal como lo muestra la película de “Intensamente”); después vienen los sentimientos secundarios: amor, optimismo, sumisión, remordimiento, desprecio, orgullo, euforia, éxtasis, melancolía, nostalgia, pánico y timidez, entre otras; y al final, está como sentimiento terciario, la empatía.
La empatía es un sentimiento, sumamente complejo, que significa que es posible, físicamente y químicamente que te sientas feliz o triste por otra persona, que tu organismo sea susceptible de sentir lo mismo que la persona. El ejemplo más claro y no por ello sencillo, es el vínculo que existe entre una madre y su hija o su hijo; es físicamente posible que una madre sienta angustia cuando su hija o hijo estén angustiados en otro lugar, lejano, sin siquiera comunicarse.
Lo mismo sucede con sentimientos de felicidad o furor, la alegría que siente su hija o hijo alcanza a ser transmitida a la progenitora traspasando fronteras, lenguajes, toda barrera física conocida. Si bien, parece es una situación que se puede entender por todos; esto no significa que sea un sentimiento que abunda y que puede ser desarrollado por todos o todas las madres del mundo.
Éste es el caso de lo que sucede en la sociedad actual, el abaratamiento de sentimientos que ante cualquier situación adversa o escuchar que hubo algún problema pretendan desarrollar o fingir que sienten lo mismo que la otra persona, lo que se traduce en pensar que es común, que todos seamos empáticos
Puede parecer una situación pueril, pero todo lo contrario, es de toral importancia que las personas sientan y expresen lo que es en realidad. En México hay más de 30,000 muertos -tristemente- a causa del COVID-19, en Perú son 10,000 muertos -luctuosamente-; y aún así, la gente sigue sin tener conciencia de las medidas de seguridad, de la importancia de alimentarse sanamente -aunque sea en estos meses-, de evitar salir si no es estrictamente necesario, de cambiarse de ropa si salieron, de lavar sus manos constantemente, de recomendaciones que son tan sencillas y básicas para evitar la propagación de un virus que ha atacado a todo el mundo. Al igual que con la empatía, ya es normal que se mueran 500 personas al día por COVID-19.
Con los muertos, sucede como la empatía; se expresa sin sentirlo, se dice un número, ayer murieron 900, 500 personas, y en las noticias, en el radio, lo expresan como una cifra más, como lo que vale un dólar o lo que costó un equipo de fútbol; siendo que no hablamos de números fríos, de números gruesos, hablamos de abuelas, abuelos, madres, padres, hijas, hijos, nietas, nietos, primas, primos, esposas, esposos, sobrinas, sobrinas; personas que no son un número más en la estadística, sino una lágrima más en el rostro de sus seres queridos.
El ser empática o empático, es un sentimiento que pocas personas desarrollan y, que todos se jactan de tener; mas existen otros sentimientos que sí se sienten, verbigracia, la compasión, la misericordia, la solidaridad. Todos generan acciones que ayudan al vecino, a la amiga, al desvalido, a la atacada o al ultrajado; para avanzar como sociedad debemos empezar por saber lo que sentimos y no por vanidad o pose pretender imitar un sentimiento que no es propio.
Si algo debe enseñarnos la pandemia, es el valorar las cosas por lo que son, lo sentimientos por lo que expresan y las vidas, por lo que son, vidas y no un valor numérico en una operación aritmética.