Punto de Encuentro

¿Por qué sigue empeorando la pandemia en México?

Para entender por qué las cifras de contagios y de decesos, aumentan día con día en México, es necesario entender la coyuntura que se da entre las declaraciones y actuaciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, y las recomendaciones de la Autoridades Sanitarias del país.

Hace 18 días, es decir, el 25 de enero de 2021, se esparció el rumor que el presidente tenía COVID-19. Digo que fue un rumor, porque las declaraciones siempre fueron hechas por el mismo presidente o sus allegados, manifestó que se sentía mal y que tenía el virus.

Por lo anterior, el mandatario decidió aislarse y estar en cuarentena para no contagiar a nadie más; una vez más, fue una decisión del propio presidente.

Nunca fue mostrada una prueba de PCR ni alguna otra prueba fidedigna que revelará que tenía COVID-19.

Como ya es conocido, el presidente tiene un espacio en la televisión nacional todos los días, denominada “la mañanera”, conferencias a las cuales dejó de asistir por la supuesta enfermedad. La persona que ocupó el cargo fue la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

Entonces, desde que el presidente se ausento de sus coloquios diarios, la Lic. Olga Sánchez Cordero asistía invariablemente a las conferencias, y ella misma expresaba el estado de salud del presidente, recordemos que la Secretaria de Gobernación es Licenciada en Derecho o abogada.

En otras palabras, lo argüido respecto al supuesto contagio de COVID-19 nunca fue manifestado ni confirmado públicamente por un médico o personal de salud. Diariamente, se publicaban mensajes desde la cuenta de twitter del presidente en las que se mostraba positivo y con ánimos de salir adelante.

El pasado martes 8 de febrero de 2021, el presidente reapareció en los medios y fiel a su estilo, se mostró positivo y agradeció las muestras de apoyo. Siempre será razón de regocijo que una persona se recuperé del COVID-19, empero, la contrariedad se da días después.

Al haber superado la enfermedad, el gobernante ha declarado -palabras más, palabras menos-, que ahora sí, no usará más el cubrebocas porque al haberse recuperado se siente inmune ante la enfermedad.

Lo dicho, constituye la coyuntura de lo que está viviendo el país actualmente, ya que al oír las declaraciones del jerarca y observar que a pesar de sus 67 años de edad y de ser hipertenso, ya no se protege en absoluto contra el virus, la gente piensa que no es indispensable el cuidarse.

Las declaraciones del presidente hacen que la gente que voto por él en el 2018 (40 millones aproximadamente) ignore por completo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (WHO por sus siglas en inglés) respecto a las mutaciones de la cepa y a los y las pacientes psicosomáticos, que son pacientes que no sufren los síntomas del COVID-19 pero sí pueden transmitir la enfermedad.

Lo susodicho hace que aquellas personas que no se protegen, se contagien y a su vez, contagien a los demás, generando así un aumento tanto en las inoculaciones como en las muertes causadas por el COVID-19.

Entonces, aunque exista una fuerte campaña por parte de la Secretaría de Salud y del personal de salud en todo el país que recomienda, que insta, que solicita a la población que usen cubrebocas y caretas para evitar la propagación del virus, la gente cree más en su presidente.

Resulta debatible que los ciudadanos de un país no crean en las declaraciones y recomendaciones del personal especializado y confíen más en las declaraciones de una persona que estudio ciencias políticas, sin embargo, así sucede en todo Latinoamérica.

Lo hacen por una sencilla razón, el presidente no es médico, pero es su líder.

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