Punto de Encuentro

La tasa de mortalidad del COVID-19.

Se estima que la población mundial son 7 000 millones de personas. Para tener una idea de cuánta población hay en Latinoamérica, en el Perú son 32 millones, en Colombia 49 millones, en Chile 18 millones, en Ecuador 17 millones, en Bolivia 11 millones, en Paraguay 6 millones y en México 126 millones, aproximadamente.

Ahora bien, el número de contagios es de 4 760 000, mientras que el número total de muertos por COVID-19 en todo el mundo hasta la fecha es de 316 000 personas aproximadamente, siendo una tasa de mortandad de 0.066. Efectivamente, un número distante al 1%. Siendo algunos de los países con más muertes, Estados Unidos de América, Reino Unido, España y Brasil; con 90 000, 35 000, 27 000 y 16 000 decesos -tristemente- aproximadamente, respectivamente. 

Es decir, que el número de fallecidos respecto a la población mundial es del 0.00045. Una vez más, un número muy alejado del 1%.

La pandemia ha paralizado a los países alrededor del mundo durante 60 días; la gente debe permanecer en sus casas, está prohibido salir, se cancelaron las actividades industriales básicas o recreativas, no hay cafeterías, no hay estéticas ni barberías, no hay restaurantes, no hay centros deportivos abiertos, no hay cines, no hay dentistas, no hay teatros, no hay conciertos, no hay ni siquiera escuelas abiertas, porque ya se imparten clases a distancia. 

Todo lo dicho, parece ser una medida correcta para evitar el contagio de un virus que se contagia por las vías respiratorias (por lo que su contagio es muy fácil), sin embargo, siendo fríos -sí, como deben ser tomadas y aplicadas las políticas públicas, fríamente y con objetivos claros, medibles, en aras de buscar el bienestar de la sociedad que gobierna – se siente como una medida con ganancias pírricas.

Dicho de otro modo, se pretende frenar un virus letal, pero con un costo que representa una ganancia que en la realidad será traducida en mayores enfermedades y muertes, que aquéllas causadas por el virus; entre ellas, el desempleo, la paralización de la economía; cuyas consecuencias serán catastróficas y permanecerán en el mundo por los siguientes años haciendo imposible su medición.

Hagamos un análisis general, el detenimiento de empresas se traduce en desempleo, lo que conlleva pérdidas económicas y depresión. Hay familias cuyo único sustento es una barbería, una paletería, su boutique de vestidos; qué harán ellos con un negocio que no generó nada de utilidad en 2 meses.

Los niños que no van a la escuela y se deprimen por no tener contacto social con sus amigos o familiares, a simple vista es estar estáticos 2 meses, pero las consecuencias psicológicas no serán visibles sino meses o años después. La gente que vive sola y se deprime, ¿alguien ha contado los suicidios en estos meses en el mundo?, porque algunos consideran que el coronavirus es un factor más, pero otros lo consideran la causa determinante.

La gente que se alimenta de comida chatarra, meses después padecerán diabetes (incurable, debe ser monitoreada toda la vida), hipertensión (puede causar un infarto) u obesidad; enfermedades que deben tratadas, que también abarrotan los hospitales y las clínicas, que también cuestan, que también pueden ser mortales sólo que no se transmiten al hablar, estornudar o abrazarse y por eso, nadie las toma en cuenta.

La semana pasada se declaró en quiebra Avianca, una empresa que está conformada por pilotos, técnicos, azafatas, auxiliares de tierra, despachadores de vuelo, vendedores, hasta maleteros, todos son parte de la empresa que ha declarado no poder hacer frente a sus obligaciones por causas del COVID-19 y se declaró en quiebra. Los dueños seguramente en unos meses tendrán un nuevo negocio y venderán un auto o dos y podrán comer sin mayor dificultad; mientras que la mayoría de sus empleados no correrá con la misma suerte.

Otros casos, un barbero, una librería, un sastre, un gimnasio local, una cevichería, una zapatería, un carpintero, un albañil, qué harán todos ellos, personas que viven al día, que no tuvieron la posibilidad económica de ahorrar para estos tiempos difíciles. 

Las empresas transnacionales como Falabella, Zara, Mazda, claro que sobrevivirán, pero la empresa, no así los trabajadores; ejemplos sobran, Uber, Airbnb que han despedido miles de trabajadores para seguir siendo competitivos.

Aunado a las medidas de confinamiento, algunos gobiernos han decretados otras medidas que a todas luces son un extremo sinsentido; tales como toque de queda, prohibición de venta de alcohol o prohibición de reuniones; en otras palabras, tu casa, piso, departamento, cuarto es tu cárcel; sólo así estarás sano y salvo, aunque claro aquí existe la paradoja de, para qué quieres vivir sano y salvo si estás en un confinamiento sin poder ver a tus seres queridos, amigos, y sin poder hacer lo que te gusta. En palabras de Benjamín Franklin[1], “aquellos que renunciarían a la libertad esencial para comprar un poco de seguridad temporal no merecen libertad ni seguridad”.

Todos hablan de las muertes causadas por el COVID-19, pero es momento de preocuparse por el 99.9% de la población mundial que está viva, en sus casas, buscando que empeñar, que comerán mañana, desesperada, deprimida por el encierro, preguntándose si esto se alargará otro mes más.

 Es momento de aprender a convivir con las debidas precauciones antes que la población sea afectada por su propio miedo de infectarse de una enfermedad que mata a menos del 1% de personas en el mundo. Como dirían en mi país, nos saldrá más caro el caldo que las albóndigas.

[1] Político, científico e inventor estadounidense del Siglo XVIII.

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