Punto de Encuentro

Un (des)gobierno de sesenta días

“No he dicho mentiras, quizás he prometido cosas que después no cumplí”. El joven periodista, acostumbrado a los constantes azotes verbales de sus invitados, parecía no inmutarse ante esta desvergonzada revelación de su entrevistado. Mientras que, por inercia, se removía el flequillo que bañaba su frente, le pregunta: “¿Alan, usted cree que ha hecho un buen gobierno?”.

Hoy en día, el panorama tiende a empeorar; y bien dicen “cuando las cosas parecen ir mal, nadie puede negar que pueden ir peor”. Esta es la situación que atraviesa nuestro país, y sobre la que he podido conversar con muchos líderes de opinión; todos llegan a un consenso: vivimos en un estado de desgobierno y descontrol social, sin una idea clara de lo que se quiere alcanzar ni de a quién recurrir.

En un país donde las cosas no son como son, sino como uno las percibe, francamente nos es difícil llegar a un punto medio donde no solo se entienda, sino también se comprenda las voces de aquellos pueblos desoídos, que son nombrados estadísticamente como quintiles o cuartiles. ¿Será ocasión para empezar a desconfiar de quienes invocan ritualmente “pueblo”, pero que poco a nada hacen en gestión gubernamental para mejorar la situación del ‘pueblo’ que dicen representar?

Las postales que nos deja este enfrentamiento entre peruanos deben darnos para reflexionar que siempre es mejor convencer con argumentos lo que no se puede con la fuerza. Es muy iluso ponerse a pensar de esta forma cuando Clausewitz nos dijo que “la violencia es una extensión de la política” (sic). Pero lo que si podemos dar cuenta es sobre la necesidad de alzar la voz para que nuestros gobernantes se den por enterados que, ya sea por acción u omisión, nos están perjudicando.

Las actuales circunstancias deben llevar al entendimiento a todos nuestros políticos: “Si no tienes la solución, entonces eres parte del problema”. Lo hemos visto dentro de este Congreso con complejo de mercado persa, donde proponen salidas poco efectivas ante las medidas poco eficaces de la presidenta Boluarte. Para los peruanos es muy fácil decir “el problema son los políticos”, y nadie dice que el problema son los peruanos.

Finalmente, si tuviéramos que hacer una evaluación muy fina con respecto al desempeño de la prensa, tendríamos nuestros reparos a la hora de calificarlos, puesto que todos los domingos vemos que se pelean por sacar el mejor escándalo de la semana o por ver quién pone el adjetivo más fuerte contra el gobierno de turno. ¿Será mucho pedir un liderazgo que convenza a todos los peruanos? No es para menos plantearnos esta pregunta en los primeros sesenta días de este (des)gobierno.

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