ÁNGEL DELGADO SILVA
No encontramos otras palabras para calificar el mensaje por 28 de Julio de este año. Tampoco esperábamos mucho, pero en línea con los anuncios de su flamante Primer Ministro, hubiéramos podido escuchar cierto grado de autocrítica oficial y alguna una suerte de llamado a la unida nacional. Nada de eso. Un farfullo somnoliento de tópicos repetidos hasta el aburrimiento. Pero eso sí, pletórico de un triunfalismo que sonaba a burla. Pues, contrasta con una realidad plagada de muertos, aumento de infectados y millones desesperados por el hambre, la miseria y la desocupación. Esta vez el cinismo vizcarrista alcanzó sus cotas más altas.
En ningún momento admitió errores. Jamás se disculpó por alguna falencia. No pidió perdón por los fallecidos a causa de la inexistencia de oxigeno y atención hospitalaria. Más bien se reafirmó en sus políticas fallidas. Dijo que la cuarentena era perfecta, salvo la culpa de la gente que no cumplió. No explicó por qué usaron pruebas ineficaces para detectar al Covid-19; ni la causa de hospitales siempre desabastecidos. Menos justificó los experimentos humanos del Mengele criollo, en el Ministerio de Salud, cuando tenía a la Dra. Mazzetti a la mano. ¿Por qué tanto tiempo para cambiar al equipo de Gobierno?. ¿Cuántas vidas se hubieran salvado con un decisión oportuna?.
En materia económica y social, frente a un panorama desolador y estragado, Vizcarra recurre al ofrecimiento de proyectos, obras, presupuestos y programas como si estuviera iniciando su gestión y no ultimándola. ¡Misma Disneylandia! Quiere que olvidemos que, en mensajes anteriores hizo lo mismo, aunque nada de lo prometido se cumplió. La mentira compulsiva es la divisa de un Gobierno inescrupuloso, además de necio e incapaz.
Y para completar su maniobra prestidigitadora recurre al truco del acuerdo y la concertación. El campeón de las confrontaciones y del ataque político artero, que le han permitido acumular fuerzas menoscabando a sus rivales, en pos de un régimen autoritario, pretende ahora izar bandera blanca y producir consensos, que antes jamás le interesó. Los partidos democráticos no deben picar el anzuelo letal y, más bien, mantener su independencia crítica frente a un Gobierno de salida, que se desmorona por sus propias contradicciones y torpezas.
Menos aún, entrar a un “pacto” tramposo, donde cuatro de sus cinco puntos son remedos mencionados ya en el Acuerdo Nacional. Por lo tanto, la pretensión de la continuar sus “reformas políticas”, que han violentado la Constitución para instalar un presidencialismo autocrático, es una imposición inaceptable porque trasciende su política más allá de su Gobierno. ¡Digamos no al continuismo! ¡No al vizcarrismo sin Vizcarra!.
Lima, 28 de julio del 2020