“Errar es humano, pero echarle la culpa a otro, es más humano todavía”
Todos cuando éramos niños hemos roto en alguna ocasión un florero, ventana o adorno de nuestras casas mientras jugábamos; y para evitar la reprimenda de nuestros padres muchos de nosotros inventamos excusas y buscamos alguien a quien culpar.
En los últimos meses, hemos sido testigos de un proceso electoral cuya primera vuelta ha sido extraña, desordenada, y que en definitiva no cumplió con las expectativas que se esperan de un Estado democrático.
A lo largo de los meses fuimos testigos de sendas tachas, exclusiones, retiros de candidaturas, huevazos y piedrazos en abundancia; pero muy poco debate y propuestas.
Ha llegado el momento de señalar culpables, pero… ¿quién tiene la culpa? Pues depende de a quien le preguntemos. Un congresista diría que todo el desorden ha sido causado por la mala aplicación de las normas por parte del Jurado Nacional de Elecciones; un miembro del Jurado diría que ellos solo aplican las leyes que aprueba el Congreso y que por lo tanto ellos son los responsables; la población mareada por todo el desorden, sin saber distinguir las diversas instituciones para dirigir su dedo acusador, culpa al gobierno en general; mientras que yo, me culpo a mí.
Sí, yo creo que todos deberíamos golpearnos en el pecho y recitar “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”.
Sé que es verdad que los congresistas aprobaron irresponsablemente una ley que modificaba las reglas de juego cuando ya se había convocado a las elecciones, y que eso generaría desorden; sé también que el Jurado no actuó con la celeridad debida y que incluso para evitar críticas a fallos cuestionables, osó emitir una resolución entre gallos y medianoche, un feriado en el que además, la selección de fútbol jugaba. Sin embargo, sé que supe todo eso y no hice nada.
Hay muchas reformas del sistema electoral que se tienen que debatir. La difusa norma de exclusión de candidatos por entrega de dádivas tiene que ser revisada; todos los partidos políticos deben hacer elecciones primarias el mismo día supervisadas por la ONPE y el JNE; los partidos que participando en las elecciones decidan retirarse, deben ser penalizados con la pérdida de la inscripción; se debe evitar que los mismos puedan retirarse o ser tachados hasta un día antes de las elecciones; todas estas reformas y muchas otras más se tienen que dar dentro del marco de un Código Electoral y Código Procesal Electoral. Así, podremos saber qué reglas hay y cómo se aplican, las cosas claras y el chocolate espeso.
No obstante, nada de eso bastará sino somos conscientes que tenemos que estar vigilantes de la actuación de nuestras instituciones. Asimismo, reconocer que por más impopulares que puedan llegar a ser los políticos, ellos son necesarios porque manejan las riendas de nuestro país, por ende, debemos mejorar el sistema para que su elección sea más limpia, competitiva y basada en propuestas.
Finalmente, al igual que cuando éramos niños y rompimos algo buscamos una excusa o alguien a quien culpar, ahora también buscamos a alguien para sentarlo en el banquillo de los acusados por todo el desastre de nuestro sistema electoral, cuando nosotros mismos tenemos mucho de responsabilidad sobre nuestra situación actual, nuestro pecado no ha sido de acción sino de omisión.
Aún no hemos cambiado, la única diferencia es que lo que se ha roto ya no es un florero, sino nuestra democracia.