El domingo 12 de abril los peruanos "ejercimos" nuestro derecho a sufragar y elegir autoridades por cinco años. En este proceso están comprendidas autoridades para el poder ejecutivo y el legislativo, con la novedad del regreso de la bicameralidad. Sin embargo, esta "fiesta democrática" para nuestra patria estuvo llena de irregularidades y anormalidades que hasta el día de hoy nos ha dejado un mal sabor como ciudadanos.
Dicen que algunas estrategias se crean y se aplican en un horizonte de tiempo adecuado para llegar al poder de manera consolidada, y en eso los comunistas tienen una fortaleza. Ojo: no estamos hablando de una izquierda con postulados basados en la alternancia de poder y en la democracia, así sean malos administradores cuando gobiernan, sino de comunistas recalcitrantes que han aprendido a utilizar la democracia como un vehículo para llegar al poder y perpetuarse.
Esta crisis prolongada que tiene nuestro país viene dándose desde la época del gobierno de Peruanos por el Cambio, el partido de PPK, donde las facciones progresistas y de extrema izquierda encontraron la puerta abierta para empezar a ganar más espacios. Ya desde el gobierno de Toledo empezó a coparse el aparato estatal de funcionarios con tendencias definidas de extrema izquierda y progresistas, que llegaron con respaldos en la sombra que la derecha nunca vio, trabajando en base a una meta a largo plazo cuyos resultados venimos viendo desde el 2021.
Los sistemas del Estado han sido copados. Entre ellos, uno de los más importantes: el sistema electoral. Es aquí donde se está aplicando lo que los abogados conocemos como el abuso constitucional, en especial en este proceso electoral, que tiene un solo objetivo: que la izquierda extrema tome el poder por un tiempo indeterminado.
Ya han aprendido a jugar con las reglas del juego democrático y nos están ganando. El regreso a la bicameralidad nos brinda dos cámaras legislativas con senadores y diputados de dudosa reputación, relacionados al terrorismo, la minería ilegal y el narcotráfico.
La táctica del Salami
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el líder comunista húngaro Mátyás Rákosi acuñó el término szalámitaktika ("táctica del Salami") para describir la estrategia que aplicó desde su posición como vice primer ministro: debilitar a los partidos de oposición fragmentándolos desde adentro, acusando a sus miembros más audaces de ser simpatizantes fascistas y obligando a los propios partidos a expulsarlos. Así, la oposición era desmantelada rodaja a rodaja, sin que nadie advirtiera que el salami entero había desaparecido. Para 1948, los comunistas húngaros tenían el control total del país.
Esta "táctica del Salami" los comunistas y progresistas peruanos han logrado consolidarla en el Perú. No por nada han participado cerca de 35 partidos en una sola elección, no por nada tenemos un país polarizado, no por nada nos han desgastado con el conteo del proceso electoral a cuentagotas. El resultado está a la vista: un sistema electoral instrumentalizado, una oposición fragmentada y una ciudadanía exhausta que no termina de identificar quién corta las rodajas.
Hoy en el Perú podemos señalar que existe un constitucionalismo abusivo. Se han logrado instrumentalizar los procedimientos a manos de los personajes más oscuros de nuestra política, y esto lo hemos visto en los últimos años en diferentes actos: desde la obstrucción de la elección de autoridades en diferentes fueros y niveles del Estado, hasta el uso de las instituciones legales, principalmente en instancias judiciales y electorales.
Este uso abusivo del derecho en las instituciones jurídicas las ha debilitado para fines propios de ciertos grupos de poder y políticos, que lo único que han logrado es daño y atraso para el país.
El cisma electoral: ¿la luz al final del túnel?
La situación electoral del domingo 12 de abril, con su serie de irregularidades y la instrumentalización del constitucionalismo lograda por la izquierda radical, podría desenmascarar un Estado en fase de putrefacción. Eso traería como consecuencia que los peruanos tomemos conciencia del terreno que estamos pisando. A partir de ahí, reconstruir el país desde la sociedad civil, la academia, las fuerzas armadas, las fuerzas políticas y todos los peruanos de buena fe.
Ser testigos de este hecho nos obliga a reconocer que ciertos personajes de dudosa procedencia quieren tomar el país a través del abuso del derecho y constituir una tiranía. Por eso, todos los peruanos debemos tomar conciencia de que nuestro país nos necesita a todos. Esperemos que lo que nos ha pasado nos permita ver, por fin, la luz al final del túnel de la anarquía institucional que venimos viviendo desde hace ya algunos años.