Por Juan Carlos Mejía Seminario
Desde 1990 dejé de ver como fan afiebrado los partidos del Descentralizado peruano. Hasta antes de ese categórico año yo era un joven enterado completamente de quienes iban primero en la tabla. Quienes iban a continuación. Era una computadora teniendo datos insólitos. Mis amigos de mi hermoso Barrio Sur deben acordarse y dar fe de aquello. Luego de 1990 sufrí una transformación absoluta. No solo mi ingreso a estudiar a la Universidad de Piura y mi entrega absoluta a largas jornadas de estudio me arrancaron de mi fanatismo sin límite, sino que además la eliminación absurda de 1985 (por un gol frente a Argentina cuando Perú había sido sin duda el mejor equipo de ese grupo) y luego la eliminación de 1989 pues fueron fatigando mi interés por el fútbol hermoso. Desde 1990 me limité a ver solo los partidos de los Mundiales de Fútbol. Solo los mundiales. Solo eso.
Desde ese año 1990 y en los siguientes mundiales siempre observé un contra sentido intelectual, un atentado contra la lógica del pensamiento humano. Empezaré diciendo que no existe ni una disciplina científica, histórica ni lingüística que no acepte que la Evolución es parte per se del objeto de estudio. Me imaginaba por ejemplo a los científicos discutiendo si para conservar la pureza del pensamiento matemático de Isaac Newton no se debía aceptar las tesis innovadoras de Albert Einstein. Es evidente que la aplicación de las herramientas técnicas, tecnológicas o del pensamiento humano siempre son aplicadas para innovar, mejorar y avanzar en el sentido de la historia. A nadie en su sano juicio se le ocurre decir que a fin de preservar la pureza de la vivienda humana se debe vivir en cuevas siempre. Algo así ocurre en el fútbol. Veamos sino.
Resulta que el fútbol mundial se niega a aplicar a plenitud la moderna tecnología científica en su desarrollo. Con eso de que se debe conservar la pureza del fútbol, se comete una torpeza sin sentido. Es como si se descubriera una medicina para resucitar a las personas, pero no la aplicamos para conservar la pureza de la vida humana. Verdaderamente una estupidez. ¿Por qué los árbitros no utilizan la tecnología a toda su plenitud. Por ejemplo, ¿Por qué no usar una pantalla gigante para ver realmente lo que pasó en el campo de juego? ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI se siga cometiendo errores en el arbitraje por que el árbitro no “vio” lo que pasó realmente en el campo?
Hace unas horas pude ver el partido Juventus vs Real Madrid y hubieron manos que el árbitro no “vio”, córner mal cobrados, fouls no cometidos y que el árbitro no supo cobrar. ¿Por qué se comete la torpeza de no aplicar la tecnología en estos casos? ¿Se debe sacrificar la Justicia deportiva por la “pureza” de conservar el fútbol en su “humanidad”. Me parece brutal tal concepción. Tal vez a esta torpeza obedezca tanta violencia en los estadios. No se han preguntado, ¿Por qué el pueblo entra a las canchas a querer matar literalmente al árbitro? Pues deberían preguntarse. Un deporte competitivo y limpio lo exige. Ni más ni menos.