Punto de Encuentro

¿Lima vota por propuestas o por personajes?

15 Octubre, 2026

Política

Por Carlos Enrique Chuquiruna, especialista en temas municipales.

En cada proceso electoral aparece una pregunta que pocas veces nos detenemos a responder: ¿los limeños elegimos a nuestras autoridades por sus propuestas o por la imagen que proyectan? Aunque las campañas están llenas de planes de gobierno, promesas y compromisos, muchas veces son las frases polémicas, las apariciones mediáticas y la personalidad de los candidatos las que terminan concentrando la atención de los electores.

Lima es una ciudad con problemas que no pueden seguir esperando. La inseguridad ciudadana, el transporte público, el desorden urbano y las deficiencias en los servicios municipales forman parte de la vida cotidiana de millones de personas. Sin embargo, cuando llega el momento de elegir a quienes tendrán la responsabilidad de enfrentar estos problemas, el debate no siempre gira alrededor de las soluciones.

Hoy, un candidato puede alcanzar una enorme exposición por una declaración controversial, un video viral o una confrontación con otro aspirante. Mientras tanto, una propuesta seria sobre seguridad o transporte puede pasar prácticamente desapercibida. Esto debería preocuparnos, porque la popularidad no necesariamente está relacionada con la capacidad para gobernar.

No se trata de cuestionar que un candidato tenga carisma o facilidad para comunicarse. La política también necesita líderes capaces de conectar con la ciudadanía. El problema aparece cuando esa conexión se convierte en el principal argumento para elegir a una autoridad y deja en segundo plano su preparación, experiencia y conocimiento de la gestión pública.

Creo que aquí también existe una responsabilidad de los propios electores. Muchas veces exigimos resultados inmediatos, pero durante las campañas no prestamos suficiente atención a cómo se financiarán las propuestas, cuáles son las competencias reales de una municipalidad o si aquello que se promete puede ejecutarse durante una gestión.

Prometer más patrulleros, cámaras de vigilancia o grandes obras puede resultar atractivo. Pero ¿de dónde saldrá el presupuesto? ¿Quién se encargará de ejecutar esos proyectos? ¿Qué coordinación existirá con las autoridades distritales y el Gobierno central? Son preguntas básicas que deberían formar parte de cualquier debate electoral y que, lamentablemente, suelen quedar relegadas frente a las discusiones entre candidatos.

También debemos reconocer que las redes sociales han cambiado la manera de hacer política. Hoy, una frase de pocos segundos puede tener mayor alcance que una explicación detallada sobre un plan de gobierno. Los candidatos lo saben y algunos parecen más preocupados por generar contenido que por explicar cómo resolverán los problemas de la ciudad.

Pero Lima no necesita únicamente personajes que sepan desenvolverse frente a una cámara. Necesita autoridades que comprendan cómo funciona una municipalidad, que conozcan las necesidades de sus distritos y que tengan la capacidad de convertir sus compromisos en resultados concretos.

Esto no significa que debamos elegir exclusivamente a perfiles técnicos ni que la cercanía con los ciudadanos carezca de importancia. Un buen alcalde necesita liderazgo, capacidad de comunicación y conocimiento de la ciudad. Sin embargo, ninguna de estas cualidades debería reemplazar la obligación de presentar propuestas viables.

La experiencia también debería ser un elemento de evaluación. No basta con haber ocupado un cargo público o tener una trayectoria conocida. Es importante revisar qué resultados obtuvo cada candidato cuando tuvo responsabilidades, qué decisiones tomó y cómo respondió frente a los problemas que le correspondió enfrentar.

De cara a las elecciones municipales, considero que los limeños tenemos una oportunidad para cambiar la forma en que evaluamos a nuestros candidatos. No deberíamos conformarnos con discursos atractivos, promesas ambiciosas o figuras que generan simpatía. Debemos exigir explicaciones, conocer sus equipos de trabajo y preguntarnos si realmente están preparados para administrar una ciudad tan compleja como Lima.

Al final, las campañas terminan, las frases virales se olvidan y los personajes dejan de ocupar titulares. Lo que permanece son las decisiones de quienes llegan al municipio y sus consecuencias en la vida diaria de los ciudadanos.

Por eso, antes de entregar nuestro voto, deberíamos hacernos una pregunta sencilla: ¿estamos eligiendo a alguien porque nos gusta cómo habla o porque confiamos en su capacidad para gobernar? Lima necesita mucho más que un candidato popular. Necesita un alcalde que sepa qué hacer con la responsabilidad que los ciudadanos ponen en sus manos.

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