Punto de Encuentro

Brasil, el bastión para la izquierda

Este domingo 25 de octubre se realizó la segunda vuelta presidencial en el Brasil, y las encuestas que pronosticaban un empate técnico entre Lula y Flavio Bolsonaro, quedaron cortas frente al resultado final: Lula obtuvo 51,8% de los votos válidos y Bolsonaro, 48,2%: Pero debemos recordar que, en la reciente primera vuelta del 4 de octubre 2026, el bolsonarismo consolidó su ascenso en el Congreso Federal y en varias gobernaciones de Estados muy relevantes, como Río de Janeiro y Sao Paulo. Así que durante sus próximos 4 años de mandato presidencial, Lula tendrá que gobernar con un Congreso en manos de la mayoría opositora de derecha.

Este es el contexto dentro del Brasil, y retomando un artículo de opinión anterior, donde planteaba que los resultados finales de la elección brasilera, serían parte del viraje y realineamiento ideológico que está reconfigurando el mapa político de América Latina, y paralelamente, un retroceso de la izquierda en otros países importantes del mundo, como en Europa, donde se ha convocado a elecciones parlamentarias en España a fines de noviembre 2026, y a elecciones presidenciales en Francia para mayo 2027, y en ambos países, todas las encuestas apuntan a un triunfo de la derecha. Recordemos que tanto España como Francia, ahora son bastiones de la izquierda progresista y el centro globalista, respectivamente. Viendo la reacción eufórica de la izquierda progresista y sus medios de comunicación afines, quienes plantean la hipótesis de que el triunfo de Lula en Brasil, sobre la “extrema” derecha bolsonorista, es un triunfo contra la derecha latinoamericana y una derrota para el Presidente Trump, no están tomando en cuenta las particularidades que demográficas que tiene el electorado brasileño.

Así que, extrapolar el resultado de la segunda vuelta en Brasil y plantearlo como un resurgimiento de la izquierda progresista, que frena el avance de la derecha a nivel regional y mundial, es un acto desesperado de “auto convencimiento” para no reconocer el desgaste político, ideológico y programático de la propia izquierda progresista, que es estructural, y no solo coyuntural y pendular. Si bien es cierto, que hay virajes y realineamientos ideológicos en la política regional y mundial, siempre debemos analizar el contexto interno de cada país y las propias las particularidades del perfil de su electorado.  

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