Maurice Duverger vive la vigencia contraída de su Mundo 3 politológico. Este artículo está escrito en la clave de la teoría del Mundo 3 de Karl Raimund Popper, y asume la idea de que Duverger exhibe una vigencia contraída, pues sus tipologías partidarias responden a un Mundo 1 y un Mundo 2 propios de la política de masas del siglo XX. Sin embargo, el Mundo 3 duvergeriano, aunque en un territorio más reducido, conserva valor puesto que sobreviven sus problemas sobre partidos, sistemas electorales y efectos institucionales. Por supuesto, la vigencia de un clásico no se mide por la cantidad de realidad que aún describe literalmente. Si así fuera, la historia de la teoría política y, en general, la ciencia política clásica, habrían envejecido con las sociedades que les dieron origen. Como en el caso de Duverger, una obra permanece, cuando sus conceptos logran desprenderse parcialmente de las condiciones históricas que los hicieron posibles, y continúan interviniendo en la producción de problemas, hipótesis y comparaciones. Desde esta perspectiva, nuestro clásico resulta un caso privilegiado para pensar popperianamente la autonomía relativa del Mundo 3 ante la magnitud de las transformaciones políticas de los Mundos 1 y 2.
El maestro francés construyó su Mundo 3, es decir, su arquitectura conceptual, a partir de un determinado momento histórico, caracterizado por partidos de masas, afiliaciones relativamente estables, clivajes sociales duraderos, y sistemas partidarios dotados de una institucionalidad que permitía establecer regularidades comparativas. Les partis politiques, escrita en 1951, constituye un intento de convertir dicho universo empírico en un sistema inteligible de conceptos. Las distinciones entre partido de cuadros y partido de masas, entre sistemas bipartidistas y multipartidistas y, especialmente, la teoría duvergeriana de las relaciones entre fórmulas electorales y sistemas de partidos constituyeron piezas de un Mundo 3 construido sobre una configuración histórica determinada. Precisamente, aquella política realmente existente ha cambiado, y ha modificado profundamente la empiria sobre la que Duverger levantó su teoría. La caída del Muro de Berlín politológico va acompañada de la erosión las identidades partidarias, la emergencia de partidos-empresa, la cartelización partidaria, la conversión en vehículos electorales. El partido de masas ocupaba un lugar central en la clasificación duvergeriana, pero hoy no constituye el tipo dominante de las democracias contemporáneas. Es decir que, buena parte del Mundo 1 político que sustentó la obra de Duverger ha desaparecido y, con ello, también se han transformado las percepciones, lealtades y experiencias políticas correspondientes al Mundo 2 político.
El Mundo 3 de Duverger ha adquirido una vigencia contraída ante las caídas de los Mundos 1 y 2. Precisamente, aquí reside el interés epistemológico del caso Duverger. Es decir, sus “leyes” sobre los efectos de los sistemas electorales ya no pueden ser aceptadas como regularidades simples; pero, continúan organizando preguntas fundamentales de la política comparada, por ejemplo, relacionadas a cómo las reglas electorales estructuran incentivos, cómo condicionan la coordinación estratégica y bajo qué circunstancias favorecen determinados formatos partidarios. O sea, la fecundidad actual de Duverger reside, no en haber formulado leyes inmutables, sino en haber instituido un programa de problemas. Bajo esta lógica, Duverger permanece por la paradoja profundamente popperiana, de que puede ser refutado. El Mundo 3 de Duverger se ha contraído, porque algunas de sus categorías conservan valor heurístico y continúan ocupando el centro del debate contemporáneos; en tanto que, otras se han historicizado. Finalmente, Maurice Duverger vive la vigencia contraída de su Mundo 3 politológico.