Hace algunos años, mi amigo Ricardo Hupiu era decano de la Facultad de Ciencias de la Administración y Negocios Internacionales de la Universidad Privada del Norte, en el campus de Cajamarca. Me invitó a dar una charla a sus alumnos sobre la influencia del confucianismo en el mundo de los negocios. Frente a mí había alumnos del primer ciclo, jóvenes enérgicos y curiosos que miraban con atención a un chino hablando frente al salón de clases.
Siempre me he considerado un promotor de la cultura china y, al mismo tiempo, un conocedor de la cultura peruana. Gracias a la facilidad que tengo para los idiomas —hablo con fluidez chino, español e inglés—, siempre me ha gustado compartir mis ideas con amigos de diferentes partes del mundo.
Creo que no existe otra corriente filosófica que haya tenido tanta influencia en China como el confucianismo. Las enseñanzas de Confucio no solamente fueron normas de conducta para los intelectuales de la antigua China, sino que también influyeron profundamente en la vida cotidiana de la mayoría del pueblo chino, incluyendo a los comerciantes, a lo largo de más de dos mil años de historia.
Dentro de la tradición confuciana existen cinco virtudes fundamentales conocidas como “Wu Chang” (五常): Ren, Yi, Li, Zhi y Xin, es decir, benevolencia, rectitud, respeto a las normas, sabiduría y confiabilidad. Estas cinco virtudes no fueron formuladas de una sola vez por Confucio como un sistema cerrado. Sus ideas se encuentran en las enseñanzas de Confucio y fueron desarrolladas posteriormente por otros grandes pensadores, especialmente Mencio, hasta consolidarse como las llamadas “Cinco Virtudes Constantes” dentro de la tradición confuciana.
El primer principio es Ren (仁), que significa benevolencia, humanidad o bondad. Cuando a Confucio le preguntaron qué era el Ren, respondió sencillamente: “Amar a los demás”. En el mundo de los negocios, podemos interpretarlo como tratar a nuestros clientes y trabajadores con consideración y humanidad, como si fueran parte de nuestra propia familia. Mencio desarrolló aún más este pensamiento al enseñar que debemos respetar a los ancianos de otras familias como respetamos a nuestros propios mayores, y cuidar a los niños de otras familias como cuidamos a nuestros propios hijos. Es importante saber ponerse siempre en el lugar de los demás. Por eso Confucio también dijo: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Es muy sencillo: si todos los comerciantes pensaran de esta manera, no tendrían por qué vender productos falsificados o de mala calidad.
El segundo principio es Yi (义), que significa justicia, rectitud y sentido del deber, es decir, hacer lo correcto incluso cuando hacerlo pueda ir en contra de nuestros propios intereses. Mencio llevó este concepto aún más lejos al afirmar que, cuando la vida y la rectitud no pueden conservarse al mismo tiempo, uno debe estar dispuesto a “sacrificar la vida para preservar la rectitud”. Para un chino tradicional, el Yi puede llegar a ser más importante que la rentabilidad. Los negocios no deben verse solamente como una manera de sobrevivir o ganar dinero, sino también como una forma de obtener beneficios de manera correcta y, al mismo tiempo, aportar algo positivo a la comunidad y a la sociedad.
El tercer principio es Li (礼), que significa ritual, normas de conducta, respeto y cortesía. En la tradición confuciana, Li no se limita simplemente a ser educado; también representa las normas que regulan las relaciones entre las personas y permiten mantener el respeto y el orden dentro de la sociedad. Aplicado al mundo de los negocios, una empresa siempre debe respetar las costumbres del lugar donde desarrolla sus actividades. El trato hacia los clientes, trabajadores y socios debe ser atento y respetuoso. El respeto es la base del Li y no debe ser solamente una formalidad externa, sino una expresión natural que nace desde el fondo del corazón.
El cuarto principio es Zhi (智), que significa sabiduría. En el pensamiento confuciano, Zhi implica la capacidad de distinguir lo correcto de lo incorrecto, comprender las situaciones y actuar con buen juicio. La sabiduría no es exactamente lo mismo que la inteligencia. La inteligencia puede manifestarse como una reacción rápida o como la capacidad lógica para analizar la información disponible. Pero la sabiduría implica ir más allá de los fenómenos para comprender la esencia de las cosas y prever las consecuencias de nuestros actos. En los negocios significa no buscar solamente ganancias inmediatas ni engañar a la gente para obtener beneficios a corto plazo. Una persona sabia sabe mantener una buena relación con sus clientes y trabajadores, actuando correctamente y pensando a largo plazo.
El quinto principio es Xin (信), que significa confiabilidad, sinceridad y cumplimiento de la palabra. La confianza es fundamental en los negocios. Muchos chinos suelen comprar en establecimientos con una larga trayectoria porque consideran que estos negocios ofrecen mayor confianza y difícilmente se atreverían a poner en riesgo una reputación construida durante muchos años. Para un comerciante, cumplir la palabra dada es una forma de construir su credibilidad. Hay que entender algo muy sencillo: pueden pasar muchos años para ganarse la confianza de los demás, pero bastan unos minutos para perderla.
Aunque las cinco virtudes tienen significados diferentes, están estrechamente relacionadas entre sí. Entre ellas, el Ren ocupa un lugar central en el pensamiento confuciano porque parte de la preocupación, el respeto y el amor hacia los demás. Sin Ren, la rectitud puede convertirse en rigidez; el Li, en una simple formalidad; el Zhi, en astucia; y el Xin, en una promesa sin verdadero sentido moral.
Tal vez por eso, más de dos mil años después, estas cinco antiguas virtudes siguen teniendo sentido en el mundo de los negocios. Las formas de hacer negocios han cambiado, la tecnología ha cambiado y el mundo se ha vuelto mucho más pequeño, pero algunas cosas no han cambiado: tratar bien a los demás, hacer lo correcto, respetar las reglas, actuar con sabiduría y cumplir la palabra dada. Esto no solamente forma parte de la tradición confuciana; también debería formar parte de la ética de cualquier buen comerciante.