Punto de Encuentro

La Maga, o el amor como contrahegemonía

Por Juan Antonio Bazán

La Maga, por amor, se convierte en un personaje contrahegemónico, y contracultural. El grupo de teatro “La Cuarta Pared” se caracteriza por llevar la literatura a la dramaturgia. En estos días, Guillermo Ale y Horacio Rafart son los directores y actores de la puesta en escena de "Rayuela", de Julio Cortázar. La recreación teatral de la obra se lleva a cabo en el Centro Cultural Ricardo Palma, de Miraflores. En esta versión teatral, Rayuela, principalmente, tiene las connotaciones social y política. No obstante, esta columna intenta pensar a La Maga, y en cómo, por amor, se convierte en un personaje de resistencia cultural. Antonio Gramsci, que también podría ser una figura casi literaria, casi teatral, es la clave teórica, a partir de la cual, este artículo resignifica, y rescata, a La Maga. Pues, en esta edición dramatúrgica, ella es el personaje (o mejor, el gran personaje) que quedó fuera de escena. Con precisión: Este artículo es algo así como el retorno gramsciano de La Maga al escenario. Veamos: Rayuela, y su historia de amor entre Oliveira y La Maga, nos informa que el amor es un dispositivo de hegemonía cultural que determina cómo, cuándo y qué amar. Pensar el amor, en clave de Gramsci, implica interrogarnos acerca de la hegemonía cultural que lo produce y le da forma. Es que, la cultura hegemónica produce un cierto amor normativo, que, a su vez, produce una cierta pedagogía del amor, que consiste en naturalizar un lenguaje y unos gestos. Precisamente, La Maga desbarata ese amor normativo, y esa pedagogía del amor. Es que, ella no tiene lenguaje académico, y no sabe comportarse, en el Club de la Serpiente, y en la versión de París artístico e intelectual. Ella ama con verdad y con torpeza, a la vez. Como quien ejecuta un discurso y una búsqueda intuitivos, y erráticos. He aquí unas muestras de la potencia contrahegemónica y contracultural del lenguaje de La Maga: “No sé quién es ese filósofo… ¿Sartre o Sartán?” “Yo sé que eso es importante, pero no sé cómo se dice” “Yo no entiendo nada de eso… todo me parece un lío”. Que diferencia: Oliveira tiene un lenguaje propio de la episteme, y un mundo sesgadamente intelectualizado; en tanto que, ella tiene un lenguaje propio de la doxa, y un mundo completamente sensible e intuitivo. 

La Maga, por amor, y por Gramsci, se convierte, de pequeña musa ingenua, en gran personaje cultural y político. Su “desorden intelectual”, su sentido común, puede asumirse como una forma de resistencia al orden cultural hegemónico, representado por su pareja, Oliveira, y por su lazo social, representado por un círculo de intelectuales. Algo más: También puede asumirse como una experiencia vital, y subalterna, que aún no ha sido colonizada por tal hegemonía cultural. Así, La Maga, por amor, deviene en insurgente. En Rayuela, Oliveira y La Maga viven un amor que no redime, pero que sí tolera, y que es posible, incluso más allá de la separación entre ellos. Simple y llano: Para amar, La Maga, casi todas las mujeres, y casi todos los hombres, no necesitan tener saberes como la filosofía, o el arte, sino que les basta con otros saberes, o acaso epistemes emergentes, propias de su interacción social. Finalmente, pensar a La Maga,, a partir de Gramsci, es asumir que las relaciones de poder atraviesan las relaciones de amor. La Maga enamorada es un personaje contrahegemónico y contracultural.

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