Punto de Encuentro

No es momento de juzgar, es momento de reflexión

24 Agosto, 2020

Moisés Ilave

Es cierto que la pandemia estrelló encima al país de una manera que no esperábamos; los planes, las metas, las políticas e inclusive las sanciones, no han sido suficientes para poder impedir que el Covid-19 invada a más de medio millón de peruanos y haya matado a tantas miles de personas. ¿En qué fallamos? ¿Qué nos diferencia de aquellos países que han podido controlar la propagación de la pandemia?

Quedan muchos cabos sueltos si es que es una responsabilidad del gobierno central, o si es la responsabilidad de la población en sí, el haber provocado la cantidad exorbitante de contagiados por el covid-19; lo cierto es que puede ser una responsabilidad de ambos; nuestro sistema de salud colapsado, la informalidad de muchos actores económicos, aunado a la indisciplina de muchas personas, han sido la cuna perfecta para que el virus pueda pasar de persona en persona con total comodidad.

La presencia de la Policía e inclusive de las Fuerzas Armadas, conjuntamente con las acciones de fiscalización de los gobiernos locales, no han sido suficientes para impedir que las personas vulneren el Estado de Emergencia; las multas, las detenciones e inclusive los golpes que los militares en un primer momento impartían a los ciudadanos infractores, hoy por hoy, no ha sido lo bastante disuasivo para que cierto sector de la población, ignore el peligro latente del covid-19 y hagan su vida como si nada pasara.

Lo sucedido la noche del 22 de agosto de 2020, es el vivo reflejo de la poca consideración y el poco respeto por la vida ajena, por los esfuerzos denodados que hacen muchas personas por salir diariamente, inclusive contra su voluntad, con miedo, con tal de poder trabajar y llevar un pan a su hogar; diariamente muchos de nosotros salimos, protegiéndonos sí, pero con el temor de que cualquier descuido pueda hacernos traer la enfermedad; entonces, ¿qué necesidad hay de participar de fiestas, celebraciones y reuniones innecesarias? ¿De qué otra manera puede actuar el Gobierno Central, de la mano con los Gobiernos Locales, para impedir que estos sucesos vuelvan a ocurrir? ¿Tiene que ser lo sucedido el sábado, el detonante para que tomemos conciencia?

Considero que la participación del Gobierno Central es la pauta que todos debemos de seguir, las reglas, las normas, los parámetros; pero considero que más importante son las acciones de las Municipalidades para poder trabajar directamente en la acción de campo; sin embargo, tenemos que las Municipalidades también han sido duramente golpeadas por el Covid-19, la baja recaudación, la disminución de personal (tanto por contratos como a consecuencia de los contagiados municipales) e inclusive, en un suerte de impedir aglomeraciones, la acción fiscalizadora que se ve debilitada al no poder intervenir (como antes) de manera grupal ante situaciones de riesgo.

Todo ello, suma a que personas inescrupulosas, aprovechen estas debilidades, para promocionar eventos como el del sábado 22 de agosto, pues conocen que, dentro de la sociedad, siempre habrá público que asista a estos eventos antijurídicos, innecesarios, sin ningún tipo de consideración. Eventos que son una cachetada a las personas que quizás se cuidaron, pero se contagiaron, a médicos valiosos que murieron en el ejercicio de sus labores y a servidores públicos que también se vieron contagiados por continuar con el servicio.

Tantas pérdidas humanas, no han sido suficientes para que entremos en razón de la gravedad de lo que está ocurriendo; por lo tanto, todos los que alguna vez hemos vulnerado las normas, hemos fallado como sociedad, le hemos fallado al país; pero creo que no es momento de juzgar quién falló y porqué falló, sino es momento de reflexionar cómo podemos hacerlo mejor.

Había aproximadamente 120 personas que no debieron estar ahí; 15 de los 22 detenidos, se sabe que estaban contagiados con Covid-19; dos empresarios, dueños del establecimiento, detenidos; un establecimiento que tenía Licencia de Funcionamiento para industria textil, pero que funcionaba como discoteca (la cual no contaba con las condiciones de seguridad en edificaciones para funcionar como tal).

Entonces, ¿es momento de juzgar? Creo que no; pienso que es momento de reflexionar. Solo queda expresar las condolencias a los familiares de las víctimas; a esas madres, padres, hijos, que son el daño colateral de las malas decisiones.

¿Hubo responsabilidad de la policía? Se tendrá que investigar.

¿Hubo responsabilidad de los asistentes? Lo cierto es que sí, por donde se vea. No creo que morir aplastado sea la causa efecto de infringir las disposiciones del Gobierno, pero el hecho es que nosotros mismos nos ponemos en situación de riesgo al sentarnos en el peligro.

Considero que la máxima responsabilidad es de aquel que promociona y permite que, en su establecimiento, puedan realizarse este tipo de actividades económicas restringidas, más aún, cuando su local no estaba ni autorizado ni acondicionado para tales fines.

Es una pena para los familiares y un llamado a la reflexión de cómo estamos respondiendo como sociedad, ante una situación de emergencia mundial.

 

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