Punto de Encuentro

Y SIGUEN BASTOS…

Durante la gestión Congresal anterior, pensábamos que habíamos tocado fondo al conocer a algunos parlamentarios que en mérito a sus poco apreciables virtudes se les denominó “roba cable”, “come oro”, “mata perro” o “come pollo” entre otros.

Sin embargo, nos hemos dado cuenta que en realidad nunca se llega a estar tan mal que no se pueda estar después peor. Esta sentencia acaba convirtiéndose en una poca agradable derivación de la Ley de Murphy y es perfectamente aplicable a nuestra realidad.

Y es que cuando nos enteramos a través de destapes periodísticos la existencia de Congresistas que cuasi impunemente falsean datos en su hoja de vida y resultan no tener “compañeros de promoción” ni recuerdan los nombres de sus profesores, otros que tienen a narcotraficantes como socios en sus empresas o que contratan a terroristas como asistentes, otros que grabaninconsultamente a sus colegas para recurrir al chantaje pidiendo la dirección de obras en sus regiones para condicionar su voto u  otros que se disfrazan como si se tratase de una película y falseando su identidad filman a una empleada de un museo para luego descontextualizar sus declaraciones, confirmamos que cada vez estamos peor y que esto no pareciera tener fondo.

En tal sentido, existe una sostenida y cuasi unánime opinión popular respecto a la poca esmerada calidad de la mayoría de nuestros representantes en sede Congresal. Sin embargo, debemos admitir que nuestra capacidad de asombro tampoco parece no tener límites, pues lejos de adoptarse medidas para intentarrevertir esta crítica situación, vemos como una vez más se preparan esfuerzos para mantener un status quo que a la mayoría de peruanos se nos antoja cuando menos inviable.

En este sentido, se ha dicho hasta el cansancio que existen varias fórmulas para mejorar la calidad de nuestros parlamentarios o nuestro sistema parlamentario y entre ellas me permito mencionar las siguientes:

i) Fortaleciendo la democracia interna, con elecciones primarias obligatorias y abiertas, ii) Fortaleciendo el financiamiento de las campañas electorales restringiendo el ingreso de dinero ilícito y potenciando a los organismos electorales en la verificación de los mismos, iii) Eliminando el voto preferencial, iv) Eliminando o modificando la cifra repartidora, v) Eligiendo al parlamento luego de la elección presidencial y no de manera simultánea, vi) Renovando al parlamento por cuartos o por tercios a mitad del período, vii) Exigiendo un tiempo de afiliación mínima a un partido al momento de la postulación, viii) Prohibiendo la re elección de un candidato por una agrupación política distinta a la que lo llevó a ocupar la curul o en una circunscripción diferente a la cual fue elegido, ix) Redefiniendo el concepto de impunidad parlamentaria, la cual de ninguna manera puede retrotraerse a cualquier acto previo a la elección, x) Suprimiendo a la Comisión de Ética Parlamentaria y delegando tal función a otra entidad (Jurado Nacional de Elecciones, Corte Suprema), etc.

Sin embargo querido lector, NINGUNA, así con mayúsculas, NINGUNA de las propuestas mencionadas ha sido siquiera debatida, mucho menos, aprobada, por el contrario, la clase parlamentaria navega en sentido contrario y se esmera en dictar normas consideradas como de contra reforma, las cuales lejos de alivianar la carga que soportamos, la hace más pesada.

Recientemente el Presidente Vizcarra dio un anuncio respecto a la necesidad de modificar nuestras normas electorales. Esperemos firmemente que ello se cristalice y no acabe siendo una vez más una simple declaración de buenas intenciones o concluyan en estériles esfuerzos como el proyecto elaborado por la Comisión Donayre.

 

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