Punto de Encuentro

Violencia, testimonio de parte

12 Marzo, 2015

Alvina Ruiz

Un día cualquiera, abro el Facebook y allí está, el avezado delincuente que entre gallos y medianoche atentó mi carro, ahora se toma selfies con los lentes que me robó. Repaso sus fotos, me doy cuenta que es narcisista, que gusta de objetos costosos aunque se los gane de la peor manera, encontró en esta red social la tribuna para mostrarse tal cual, en su casa no faltan artefactos eléctricos, es inevitable que deje de pensar cuántos de esos equipos son robados y cuantos conseguidos con trabajo. Fijo la mirada para tratar de reconocer algo más de mis pertenencias, las mismas que este niño sustrajo al estilo de un vil delincuente.

La noche del horror

03:30 de la madrugada: el timbre del intercomunicador nos sobresalta de la cama, el vigilante con voz entrecortada alerta que quisieron robarme la camioneta, y añade: “Han sido capturados y están en el patrullero”; ya en el lugar, la escena parecía como si un huracán se hubiera posado sobre mi carro, vidrios destrozados, puertas forzadas, almohadas regadas de los delincuentes que utilizaron para mitigar el ruido de su accionar. El policía nos advierte que son cuatro y que ninguno pasa de los 16 años; ese mismo policía quien debe protegernos frente a delitos flagrantes se equivoca, escribe un parte donde considera que el hecho califica solo como daño menor, no robo lo que habría ameritado una investigación y quizás el internamiento de estos sujetos en el Centro de Menores Maranguita, sin embargo, la poca rigurosidad policial los puso en libertad en menos de una hora.

 

De vuelta a las calles

Por ley estos menores no son delincuentes sino infractores y conocedores de sus derechos exigieron llamar a sus madres, tías y hermanas a quienes fueron finalmente entregados en menos de una hora. Ninguno pagó ni un sol por reparación, mi carro nunca pasó peritaje, mi consuelo fue que al menos uno de ellos fue castigado como así lo puso en la web.

 

El Facebook: su tribuna

Pertenecen a algunas barras bravas de Chorrillos, me niego a pensar que su familia conozca de sus malos pasos, difícil creer que la regordeta señora con cara de buena gente que es madre de uno de ellos sepa lo que su retoño me hizo aquella madrugada y que, para mi pesadilla continuó un mes después cuando al sonar el celular amenazaron con atentar contra mi vida y la de mi familia en represalia por haber pisado la comisaria. Vaya usted a saber de donde consiguieron mi teléfono si solo lo tuvo la policía que en este caso como en muchos actuó con dejadez, lo que terminó por cerrar el círculo de impunidad, mientras que ellos siguen rompiendo vidrios, arranchando carteras y todo ello exhibido en las redes sociales, con fotos y pruebas del delito como lo hacen abiertamente alardeando de sus trofeos y mostrando su arsenal como medio intimidatorio. ¿Qué hacer para evitar que esto siga escalando?, allí esta el reto de la sociedad y de las autoridades.

 

@alvinaruiza

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