Últimamente con los ajetreos del trabajo, mis responsabilidades académicas y las columnas que tengo que escribir, no tengo mucho tiempo para el ocio, lo cual me da pena porque soy un amante del cine y del teatro. Hay quienes dicen que me tengo que organizar mejor, que con organización hay tiempo para todo, algo a lo que yo siempre respondo que por más que uno se organice, no se le puede sacar 25 horas al día. No obstante, he hecho mi mejor esfuerzo y hace un par de días fui al teatro a ver una sátira que se las recomiendo a todos.
Primer acto: el congresista fujimorista Héctor Becerril twittea un selfie trucado de Verónika Mendoza (excandidata presidencial del Frente Amplio) sonriente junto a un grupo de personas, teniendo de fondo una bandera roja con la hoz y el martillo. Luego, él sale dando sus explicaciones en A Bocajarro, un programa político de Canal N conducido por Christian Hudtwalcker.
Segundo acto: el congresista electo por el Frente Amplio Manuel Dammert, es entrevistado en el mismo programa inmediatamente después que Becerril y sale indignado diciendo que él ha cometido el delito de difamación, que la bancada fujimorista en su conjunto debe brindar explicaciones y que además, Becerril debe ser sancionado por la Comisión de Ética del Congreso.
Tercer acto: Christian Hudtwalcker (H) y Dammert (D), se ponen a discutir sobre lo hecho por Becerril y entablan el siguiente diálogo que quedará para el recuerdo*:
H: a mí me parece una patinada tremenda, pero yo la verdad no encuentro el delito.
D: sí, una patinada, cuando uno mata a alguien es una patinada pero es un delito, cuando uno trata de acusar de terrorista a una persona que es inocente, que ha participado en una elección y que con su llamado democrático ayudó a que se derrote un narcoestado, eso es una venganza política.
H: ¿cuál es el narcoestado? (pregunta enfáticamente).
D: narco estado era… ¿se imagina usted al señor Becerril Presidente del Consejo de Ministros… dirigiendo el Ministerio del Interior?
H: pero ¿eso tampoco no es una difamación señor Dammert? ¿Decir que el fujimorismo aseguraba un narcoestado?
D: yo he publicado un libro que se llama “El Estado mafioso”.
H: estamos hablando del fujimorismo de antes, no del de adelante ¿o también es lo mismo?
D: ¿ha cambiado mucho? El señor Becerril… (lo interrumpe Hudtwalcker).
H: por eso yo le pregunto ¿qué prueba tiene de que…? (lo interrumpe Dammert).
D: el señor Becerril es la prueba viviente de que el fujimorismo está ahí.
H: ja, ja, ja, ja. ¿sabe qué pasa? Me siento víctima de dos radicalismos.
La sinopsis de la obra se puede resumir de la siguiente manera:
Becerril intentó provocar al Frente Amplio, twiteando una foto trucada de Verónika Mendoza junto a una bandera roja con la hoz y el martillo, que en la conciencia popular se relaciona con Sendero Luminoso. Por otro lado, Dammert, un congresista del Frente Amplio, tratando de defender a su lideresa, acusa a Becerril de difamación; sin embargo, sorprendentemente acto seguido dice que Verónika Mendoza salvó al Perú de convertirse en un narcoestado, cosa que según queda implícito, hubiera pasado si ganaba el fujimorismo. Finalmente, Christian Hudtwalcker, harto de todo este divisionismo, suelta la frase que titula esta sátira: “me siento víctima de dos radicalismos”.
Podría escribir decenas de páginas explicando porque nuestra política es tan mala; no obstante, pero prefiero que este diálogo hable por sí mismo. Solo deseo agregar que esta clase política que tenemos, en las que unos acusan a otros de terroristas y aquellos responden diciéndoles promotores de un narcoestado, es patética.
Finalmente, esta “sátira política” calza perfectamente en la frase con la que Carlos Meléndez presenta su libro Anticandidatos: “la política peruana es cada vez más policial y menos académica”.
Una pena.
* Este diálogo ha sido sacado del programa periodístico A Bocajarro de Canal N. (2016, 19 de julio). Video recuperado el 21 de Julio de 2016 a las 14:19 horas, de: https://www.youtube.com/watch?v=DOHRZZ2gWtc