En una economía de libre mercado los precios se forman por el acuerdo entre dos partes formando así parejas marginales, esto quiere decir, que el primer vendedor excluido se une al último comprador que se incluye o ingresa al mercado, estas parejas tienen un rango de negociación mínimo y máximo que al exceder cambian volviendo a tener un nuevo rango.
El precio transmite información, si hay escasez de un bien éste sube o si hay sobreproducción baja, si hay algún problema en la cadena de producción y la oferta no satisface a la demanda de dicho bien el precio sube, así sucesivamente va variando de acuerdo a lo que sucede en las diferentes etapas de producción y de la cantidad del bien que se ofrece al mercado.
Su formación se da por el cálculo económico, las valoraciones subjetivas ordinales pasan a tener un orden cardinal, este orden cardinal tiene un rango que fluctúa entre un mínimo precio a pagar de un bien por el máximo precio que se está dispuesto a pagar.
Colocar topes de precios distorsiona la información que transmiten los precios y genera mercados paralelos o negros en donde los precios fluctúan hacia arriba por la prohibición dada por el estado.
El tope de precios máximos desincentiva a los emprendedores que buscan maximizar sus ganancias y el tope de precio mínimo excluye el ingreso de otros competidores como por ejemplo el sueldo mínimo que excluye a mano de obra poco calificada pero que puede hacer tareas simples y sencillas.
Querer colocar un tope máximo a los intereses excluye a muchos potenciales prestamistas, rompe la unión de parejas marginales, quienes están dispuestos a dar un crédito a ese grupo de mucho riesgo con aquellos prestamistas que tienen un perfil de mucho riesgo y que los bancos ni pueden atender. Esto es lo que el congreso con la ley que pone un tope a las tasas de interés de créditos personales.
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