En 1953 Ray Bradbury publica la novela Farenheit 451 en base a la cual Francois Truffaut hizo una película en 1966. Es una crítica a la censura de libros en Estados Unidos durante el Macarthismo y a la quema de libros en la Alemania nazi.
En una sociedad imaginada (futura) los bomberos queman libros por orden del gobierno. Guy Montag es un bombero. Por diversas razones Montag escapa de su trabajo y se encuentra con un grupo de personas llamada hombre libro. Cada uno de ellos memoriza un libro entero y es capaz de recitarlo oralmente. Así, pasara lo que pasara, los libros se salvarían.
Bradbury escriba esta novela antes de que se hablara de la muerte del libro o del “libro virtual. Y el tema fue, sobre todo por la película, muy comentado y elogiado.
Ante el planteamiento de Farenheit caben, años después, muchas preguntas: ¿Es el libro memorizado y recitado el mismo que el escrito, estando en un “formato” tan diferente? ¿La vida de una persona debe limitarse a recordar y recitar un libro? ¿Tiene la persona que memoriza el libro idea alguna de otros libros o ella es solamente ese libro que memorizó?
Preguntas que pueden dar lugar a infinitas discusiones.
Pero, ¿qué tiene esto que ver con la universidad en el Perú?
Hace ya algunos años es posible observar que los alumnos universitarios saben solo de un tema o autor, en el mejor de los casos, sin relacionarlo con otros. ¿Dónde está la “cultura general”? Es muy común que un alumno (o ex alumno) universitario recite “de memoria” las ideas de un autor, al cual ni siquiera entiende a cabalidad, y se declare seguidor de sus ideas. ¿No es acaso –y en el mejor de los casos- un “hombre libro”.
Peor aún. En muchísimos casos, se declaran seguidores o afiliados a las ideas y posturas de autores que ni siquiera han leído integralmente. Han leído un artículo o trozo de artículo de ese autor, una separata, han visto un esquema de sus ideas, han oído de ese personaje en clases dadas por algún profesor (bueno o malo) o conocen a ese autor porque está de moda. Y son capaces de repetir de memoria supuestas ideas o concepciones del autor al que nunca leyeron, pero del cual son seguidores. ¿Cuántos chomskianos –por citar un ejemplo cercano a mi actividad- conocen a Chomsky?¿Cuántos lo han leído? ¿Cuántos son chomskianos porque un profesor les habló acerca de él o porque es de “buen tono y moderno” serlo? ¿Conocen al autor integral, con sus decires y desdecires? ¿Recorrieron sus fuentes y fundamentos? Y podríamos seguir con múltiples ejemplos.
Lo dicho nos lleva a reflexionar sobre la especialización del conocimiento, su realidad y la necesidad (o no) de una cultura general.
¿Están encarando la universidad peruana y sus actores este asunto?