Por: David Auris Villegas
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Imaginemos un país donde todo es de un solo color, como un jardín de flores monocromáticas y una especie de ave con un único trino. ¿Acaso no sería un paisaje monótono y triste? Y si así fuera la humanidad, de solo un color, un solo idioma y una sola idea, la vida sería triste y sin encanto. Pero, para nuestra suerte, somos diversos. Hay tantas voces e ideas diferentes que enriquecen y hacen más linda la vida en el planeta con melodías de fiesta.
Nuestra diversidad es nuestro superpoder. Mientras somos más diversos, más ideas germinan, más propuestas se plantean, y esas ideas, al fusionarse, ayudan a avanzar al desarrollo del país. Solo nos falta construir una convivencia donde esa hermosa diversidad no cause daño a otros. Tenemos que encaminarnos, gracias a la educación, hacia un terreno que mejore la vida de todas las personas.
Aunque no es un día oficial de la identidad declarado por la UNESCO, el 12 de octubre, en toda Latinoamérica y España, recordamos el encuentro de dos culturas ocurrido en 1492. Para muchos pensadores optimistas, como Mario Vargas Llosa, gracias al arribo de los españoles, nuestro continente pasó a conformar parte de la cultura occidental. Sin embargo, el filósofo argentino Enrique Dussel sostiene que empezó el encubrimiento de nuestra cultura por la cultura eurocentrista, mientras el sociólogo peruano Aníbal Quijano afirma que este encuentro inició la colonialidad del poder extranjero.
Respetando las ideas de estos pensadores y guardando memoria del dolor que significó aquel encuentro cultural, ahora, en pleno siglo XXI, tenemos el gran propósito de desplegar una educación que permita el desarrollo equitativo y nos enseñe a mirar a los demás como nuestro socio y aliado de la vida.
No podemos vivir siempre mirando el pasado y buscando trincheras para culpar nuestras desgracias, ya que en nuestras venas e ideas sobreviven y recorren sus genes y sus recuerdos. Es tiempo de ver el futuro y construir nuestro porvenir y honrar la sagrada memoria de quienes nos precedieron.
Así como los europeos han depuesto muchas de sus rivalidades del pasado para encarar un futuro común, nosotros también podemos construir una sociedad poderosa.
Honestamente, es más valioso sembrar hipótesis de convivencia para el futuro en lugar de estar escarbando heridas del ayer. Que nuestra diversidad nos ayude a construir una vida repleta de oportunidades para todos.
© David Auris Villegas. Experto en posicionar la marca personal en las redes digitales y editor de revistas universitarias y pedagógicas.