Punto de Encuentro

José Toribio Polo y las epidemias en el Perú

Por Juan Antonio Bazán

José Toribio Polo escribió “Apuntes sobre las epidemias en el Perú”, para legarnos un retrato histórico, aunque fragmentado, de nuestras epidemias de 1532 a 1912. El libro fue publicado originariamente en Lima, en 1913, por la Imprenta Nacional de Federico Barrionuevo; y, ha sido recuperado, publicado nuevamente, el 2022, por el Fondo Editorial de la Universidad Científica del Sur, como parte de su Colección Bicentenario del Perú. Este artículo es un intento de lectura, a partir de la linterna de Michel Foucault. Polo escribió con categorías propias de la modernidad sanitaria, como control, higiene, prevención. Pero, la mirada foucaultiana hace que donde Polo encuentra un mal biológico, nosotros encontramos un dispositivo político; y donde Polo da cuenta de la consulta médica, nosotros damos cuenta de la reducción del sujeto.

Foucault, principalmente en sus cursos del Collège de France, encuentra que la modernidad también se define por la categoría “gubernamentalidad”, o la racionalidad de gobierno que organiza la vida colectiva, y no únicamente por las instituciones y las normas del Estado de derecho. De modo que, la epidemia deja de ser un accidente natural, para convertirse en un problema de administración del poder, que vigila, registra, castiga y normaliza. Foucaultianamente, cuando las ciudades se han enfermado, el poder se ha vuelto más procedimental para la vida cotidiana: Es decir, reglamenta los movimientos en las calles, ingresa por las puertas de las casas y, lo peor, administra los cuerpos. Por su parte, Polo, al ordenar cronológicamente los brotes y sus huellas, arma, sin decirlo, un mapa del nacimiento de una lógica estatal: proteger la vida y, al mismo tiempo, hacerla legible y gobernable.

La epidemia, en clave foucaultiana, es una fábrica de visibilidad. El miedo colectivo pide ver: ubicar focos, seguir contactos, delimitar zonas, contar muertos. Esa exigencia encaja con lo que Foucault describe como instituciones de disciplina y vigilancia (la imagen emblemática es el Panóptico) y con la idea de que la desviación —el contagio, en este caso— debe hacerse visible para prevenirse o corregirse. Por ello, “Apuntes sobre las epidemias en el Perú” puede leerse como un registro indirecto de tecnologías de control que se sofistican con el tiempo: no solo cambia la medicina; cambia el modo de gobernar. Las epidemias empujan a producir informes, clasificaciones, protocolos; en suma, empujan a producir Estado. En definitiva, no estamos ante una “historia clínica” de cuatro siglos del país, sino ante un inventario de brotes, temores y respuestas públicas que permite seguir, casi año por año, cómo los peruanos aprendimos a nombrar la amenaza y, por supuesto, a administrarla. Ocurre que, Polo quiso conservar la memoria de los brotes; pero Foucault nos da el marco para detectar el reverso: la memoria del poder cuando la vida se vuelve asunto de gobierno.

Finalmente, démosle otro mérito a Polo: Su libro incorpora materiales documentales como, por ejemplo, los textos vinculados a la peste de 1589, asociados a José de Arriaga y al Conde de Villar. Tal vez, Polo, aun sin la linterna de Foucault, sabía que en los papeles oficiales también se esconde la verdad de una epidemia. Foucault no corrige a Polo, pero sí lo desplaza y enriquece: Del carnet de notas sobre las pandemias en el Perú, pasamos a la comprensión de la sociedad y la política peruana pandémica.

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