Punto de Encuentro

Juventud y educación ante la revolución de la inteligencia artificial: el tiempo se agota

Autora: Silvana Pareja

El Perú se acerca a una elección decisiva, pero pocas veces la educación ocupa el centro del debate. Mientras los discursos se repiten, una transformación silenciosa avanza en el mundo: la inteligencia artificial (IA) ya está redefiniendo la manera en que aprendemos, trabajamos y vivimos. No integrarla en el sistema educativo no sería una simple omisión, sino una forma moderna de exclusión. La UNESCO ha sido clara: la IA puede “acelerar el progreso hacia el ODS4” y resolver desafíos históricos de calidad e inequidad. Pero si los estudiantes peruanos no aprenden a utilizarla, comprenderla y crear con ella, quedarán fuera del futuro.

Hoy, la brecha digital no se mide solo por el acceso a internet, sino por la capacidad de comprender el nuevo lenguaje tecnológico. Un niño que no sabe interactuar con la IA estará tan limitado como quien en el siglo pasado no sabía leer ni escribir. En cambio, aquel que domina herramientas de automatización, análisis de datos o pensamiento algorítmico podrá participar activamente en la economía del conocimiento. UNICEF advierte que los países deben actuar con urgencia para “aprovechar las oportunidades y mitigar los riesgos de la IA en la infancia”. En el Perú, esa urgencia aún no se traduce en acción suficiente.

El contexto global muestra el camino. En Finlandia, la alfabetización digital se enseña como lectura y matemáticas. Corea del Sur prepara a miles de docentes en IA educativa. China combina la IA con tutorías personalizadas y evaluación automatizada. En América Latina, Chile y Uruguay ya impulsan programas de pensamiento computacional desde primaria. No se trata de copiar modelos, sino de entender que el reloj corre: cada año que el Perú pospone la enseñanza de la IA, la brecha con el resto del mundo se amplía.

Nuestro país tiene avances valiosos, pero fragmentados. El Ministerio de Educación ha iniciado proyectos piloto de capacitación docente en regiones como Cusco y Arequipa, y el Congreso ha declarado de “interés nacional” la inclusión de la IA en el currículo escolar. Sin embargo, las cifras revelan la realidad: solo 4 de cada 10 docentes han usado alguna herramienta de IA en clase. La Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2021-2026 establece lineamientos, pero su implementación en las escuelas sigue siendo limitada, sobre todo en zonas rurales.

No incorporar la IA en el aula tiene consecuencias sociales profundas. Reproduce desigualdades entre lo público y lo privado, entre Lima y las regiones, entre quienes tienen acceso a tutorías digitales y quienes dependen de una pizarra sin conexión. Si la IA es el idioma del siglo XXI, negarle su aprendizaje a nuestros estudiantes es condenarlos al silencio tecnológico. Por ello, enseñar inteligencia artificial no es un lujo académico: es una cuestión de equidad y de justicia educativa.

El futuro no se construye con promesas, sino con políticas audaces. La juventud peruana necesita un sistema educativo que la prepare para competir en un mundo donde la inteligencia —humana y artificial— define las oportunidades. No hay tiempo que perder: el país debe decidir si lidera el cambio o si se resigna a observar cómo otros lo hacen. Enseñar inteligencia artificial no es una opción; es el punto de partida para que el Perú no quede fuera del mañana.

NOTICIAS MAS LEIDAS