Por Roberto Rendón Vásquez.
A todos, sin excepción, nuestros derechos fundamentales debe defenderlos y garantizarlos el Estado para que se respete los derechos y dignidad de todos. Desde que nacemos tenemos derecho a la vida, la libertad y nuestra seguridad y al desarrollo y bienestar. Esta normado en la Constitución concordante con la Declaración Universal de los Derechos Humanos que establece que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, libertades, la vida y la seguridad de su persona.
Pese a la vigencia de estas normas constitucionales y universales, en el Perú cotidianamente el Estado no garantiza nuestra seguridad a pesar de los constantes pedidos y reclamos de las poblaciones. Permanentemente estamos expuestos a actos delincuenciales en vías públicas, establecimientos, centros educativos, de trabajo y de espectáculos, vehículos y viviendas. Los agraviados son varones, mujeres hasta ancianos y niños. Los malhechores, actuando individual u organizadamente (en bandas) nacionales e internacionales, intimidan, chantajean y extorsionan exigiendo cupos de significativas cantidades de dinero, bajo la amenaza de asesinar con sicarios. En la materialización delictiva se apoderan (hurtan y/o roban y/o estafan) de dinero y/o bienes de sus víctimas. En sus amenazas utilizan armas y hasta explosivos. Diariamente asesinan en calles, establecimientos comerciales, restaurantes, vehículos y domicilios.
Nadie está seguro. Los sicarios luego de cometer homicidios huyen en motocicletas o vehículos o hasta se enfrentan a la Policía y si son detenidos con los correspondientes atestados (que contienen las pruebas delictivas) son puestos a disposición de un Fiscal. Los delincuentes “esperan” obtener libertad cuando sean puestos a disposición de Fiscales del Ministerio Público o se inicie el proceso penal ante el Juez Penal. Consideran que tienen “defensores” especialistas en “materia Penal” que pueden “conseguir” su libertad y vueltos a las calles continúan delinquiendo.
Hace años que se ha incrementado la delincuencia organizada nacional e internacionalmente. Muchos delincuentes en nuestras ciudades, son de procedencia extranjera. Cometidos los raptos o sus extorciones, intimidaciones, amenazas y hasta asesinatos, es sabido que se agrupan para festejar con parejas de procedencia local o de otros países. La policía, mediante sus servicios de inteligencia contra la criminalidad, algunas veces logra ubicarlos y detenerlos. Pero, lamentablemente, muchas otras pandillas siguen actuando. No ocultan que están coordinados desde algunas cárceles donde se encuentran detenidos “algunos de sus capos” que utilizan aparatos de comunicación celular y hasta internet. Los “capos” viven cómodamente en las prisiones con lugares excepcionales de habitabilidad.
Imprescindible y urgentemente deben realizarse de inmediato algunas cuestiones contra la delincuencia. Veamos algunas:
1.- Modificar los Códigos Penal y Procesal Penal, actualizando la tipificación de delitos y estableciendo penas severas en tiempo por cada delito, penas que no deben ser acumulativas.
2.- Establecer plazos cortos para cada acto procesal penal que Fiscales y/o Jueces de todos los niveles, deben obligatoriamente cumplirlas – sin excusas – bajo responsabilidad administrativa y penal.
3.- Establecer que los sentenciados, antes de obtener su libertad, devuelvan los bienes y/o dinero a sus agraviados y pagarles la reparación civil impuesta en las sentencias.
4.- Dos cuestiones:
a) Edificar de inmediato nuevos establecimientos carcelarios en las alturas andinas, totalmente seguros y en cada uno debe haber talleres y/o fabricas para producir mercaderías para los mercados. Los trabajadores deben ser obligatoriamente los detenidos y/o sentenciados. En cada cárcel instalar equipos que impidan las comunicaciones telefónicas o internet con el exterior. Los regímenes de vistas a encarcelados deben una sola vez mensual.
b) Establecer constitucional y legalmente, según corresponda, que el Estado no debe sufragar (mantener) al detenido o sentenciado, quienes deben sufragar sus mantenimientos y servicios de salud con sus remuneraciones laborales por su trabajo dentro de los establecimientos carcelarios.
5.- Que todos los vecindarios se organicen voluntaria y auto disciplinadamente para educarse en la prevención de ser víctimas de los delincuentes, cuidar solidariamente los vecindarios, establecer horarios que cada familia – desde su vivienda – observe a todos los transeúntes y para que en conjunto auxiliar a las víctimas de delincuentes y procurar apresar al/os malhechor/es y comunicarse de inmediato con la Policía y Serenazgo. Deben establecerse e instalarse sistemas de comunicación reservada entre vecinos.
¡Ante la ola delincuencial, todos unidos y sin temores, debemos derrotarlos! ¡Qué las autoridades no se escuden en “palabras y/o pregones” para vencer la ola delincuencial y que cumplan con brindar seguridad permanente a la población!