Punto de Encuentro

De ciudadano a consumidor

Como varios o muchos paisanos que vuelven a su tierra para pasar  las fiestas navideñas y de fin de año con su familia, la mía no fue la excepción. A mi regreso a la tierra que me vio nacer, por deformación profesional, ya después de varios días de estar en Iquitos, no pude dejar de percatarme de la situación de los espacios públicos de la ciudad y la relación que tiene este con el ciudadano.

 Lo primero que vi en mi estancia en Iquitos fue que el espacio público lo ordena el mercado. Que quiero decir con esto: que la ciudad, desde sus calles principales hasta los periféricos, está moldeado por tiendas de ropa de vestir, de artefactos electrodomésticos, de restaurantes, bares, tragamonedas, seguir con la lista me cansaría. Con ello no quiero decir que eso este mal, que dejen de existir. No, en lo más mínimo. Sino que dejar al libre mercado el ordenamiento del espacio público es dejar de lado la labor que tiene el gobierno local y regional para con la ciudad y para la formación de ciudadanía.

 La falta de espacios públicos habilitados en la ciudad de Iquitos, adecuados para el encuentro humano[1], convierten a las tiendas de ropa de vestir, tragamonedas, discotecas en espacios de socialización. La reunión de personas pasa necesariamente por el consumo, donde algunos, los que pueden, compran o consumen, y los demás simplemente miran. Si la ciudadanía se ejerce en el espacio público, hoy eso constituye el mercado y se ejerce por medio del poder del consumo. Y ello contribuye a reproducir la exclusión.

 Es fácil comprender, entonces, por qué las familias buscan nuevas alternativas de recreación que les permitan entretenerse, divertir a los niños, encontrarse, socializar y por qué no mirar y comprar.

 Planteadas estas situaciones se requiere que el gobierno de la ciudad responda adecuadamente. Los espacios públicos no cubren las necesidades de la población, y las miles de personas optan por acudir a los lugares señalados líneas arriba para pasear, recrearse y socializar con otras personas, previo pago, por supuesto. Sabemos, claro, que es una tendencia mundial que afecta a muchas ciudades, pero si el presente año sobrepasamos a escala mundial la barrera de lo urbano sobre lo rural y los que vivimos en ciudades somos más, es un derecho ciudadano contar con espacios que nos proporcionen libertad y acceso.  



[1] Cuando me refiero a encuentro humano quiero decir reconocimiento de personas iguales, con derechos y deberes constituidos. 

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