Punto de Encuentro

El fin de la política

¿Qué tipo de vínculo construye el político con el ciudadano? Para responder a esta pregunta hay que servirnos de una audacia metodológica, la racionalidad del político y la racionalidad del ciudadano, ponderarlas por separado. El político orienta su acción a la tenencia y conservación del poder (influencia en la voluntad de los otros), mientras que el ciudadano, si no está vinculado con los avatares políticos, su acción se orientaría a preservar su vida privada. Sin embargo, el ciudadano, quiéralo o no, se encuentra con la política (en elecciones, en las noticias, etc.), es entonces cuando “calcula” su grado de participación, en función a su bienestar privado. El ciudadano, al no adentrarse en el quehacer político, lo público no estaría en sus prioridades.

Así, el político, que persigue el voto del ciudadano, tiene que habérselas con un actor social cuya lógica de acción se orienta a maximizar su bienestar, por ello, la oferta política deberá estar acorde a la demanda privada del votante. Empero, maximizar el bienestar y la busca del poder no son variables privativas del ciudadano y el político, respectivamente, pero la atribución sirve para abordar el complejo problema de la relación de la oferta y la demanda en la política.

Entonces, el tipo de vínculo a construir estará en función de la demanda del ciudadano. Lo cual  considerará, además de la ubicación social, nivel de educación, etc., la coyuntura global. Es decir, la tendencia general que toma la política en la región y en el país. Luego de la caída del muro, la apertura del mercado como modelo de desarrollo, y lo que Zygmunt Bauman ha definido como “modernidad líquida”, pareciera que queda poco espacio para el ejercicio de la política en tono ideológico, partidario, militante. Por ello la construcción del vínculo se vuelve más personal que institucional.

 

 

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