El espionaje es uno de mis géneros (sub-categorías) predilectos. Mis primeras lecturas desbordaban de aventuras de la mano del M. Poirot o del famoso Sherlock Holmes. No es pura casualidad que haya virado mi perfil profesional hacia el mundo de las relaciones internacionales, donde las teorías de conspiración son parte del pan de cada día. Sin embargo, es fundamental saber distinguir entre la ficción, la situación ídilica y la realidad.
LA REALIDAD
Ésta semana salió a la luz información que confirmaría el espionaje que Chile habría cometido en el Perú acerca del conflicto (específicamente, la demanda) sobre el límite marítimo entre ambos países frente a la Corte Internacional de Justicia de la Haya.
Mediante una conversación de whatsapp, los directores de inteligencia de la armada peruana y chilena confirman que miembros de la marina peruana vendieron información a las autoridades chilenas. Óscar Aranda -Director de inteligencia de la Armada Chilena-, señaló a su par que era una situación heredada y al sentirse presionado concluyó con la frase: “¡Oye…nos estaban demandando! Jajajajaja ¿qué querían que hiciéramos?”
Desde que las primeras acusaciones del más reciente espionaje salieran a la luz, el Presidente Humala ha mantenido un discurso hosco, exigiendo tanto el reconocimiento como las disculpas del caso al Gobierno chileno. No obstante, las autoridades vecinas han concentrado sus fuerzas en negar este hecho y de paso alargar la conversación pendiente que tiene con el Perú respecto al mandato de la Corte de la Haya y el límite marítimo.
En efecto, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile indicó que el gobierno no promueve ni acepta acciones de espionaje en otros Estados y añadió que “respecto a Perú, la voluntad de Chile es continuar el proceso de fortalecimiento de las relaciones bilaterales, objetivo en el cual están empeñados los esfuerzos de ambos gobiernos”.
Recordemos que a Chile se le atribuyen, cuando menos, dos casos de espionaje anteriores. El primero data de 1979, cuando se encontró a unos oficiales chilenos tomando fotos de aviones militares peruanos en Talara. El segundo caso fue presentado ante Chile en el 2009 (durante el segundo gobierno de Alán García) que denuncia un intercambio continuo de información sensible sobre la seguridad y fuerzas armadas del Perú desde el año 2004.
Las relaciones bilaterales entre ambos países fueron fortalecidas a partir del fallo de la Corte de la Haya, y el mensaje positivo que el gobierno chileno ofreció acatando el mismo y fomentando el diálogo y una pronta resolución definitiva. Resulta evidente que la información revelada ésta semana ha terminado por mellar el avance de cooperación entre ambas naciones.
Es clara la opinión del Presidente peruano que en su última declaración sostuvo que: “Hemos esperado para que asuman su responsabilidad y pidan disculpas. No le vamos a aceptar a Chile que pase este tema del espionaje por agua tibia”. Las consecuencias de una reacción tardía (o la negación absoluta) por parte del gobierno chileno puede acarrear la ruptura de las relaciones comerciales y económicas existentes, así como, las diplomáticas, eventualmente. La pregunta que diversos analistas se hacen es por qué Chile reconoció el espionaje que hizo en Argentina y se rehúsa vehementemente a admitir este nuevo incidente en Perú.