Se censuró a la Presidenta del Consejo de Ministros y no pasó nada.
Por la puesta en marcha del instrumento constitucional de control político, se insultó, se ofendió, se esgrimieron argumentos que para muchos resultaron mediocres, infantiles, inconsistentes. No faltó incluso quienes dijeron que el Perú se detendría, que las consecuencias de los desastres naturales serían desatendidos y que los censuradores no tenían autoridad moral o eran unos irresponsables! … Sí señores, todo eso se dijo.
Luego de tanta alharaca, preguntémonos ¿Qué pasó? ¿Por qué no se cayó el Perú? Por la simple y sencilla razón de que la censura es una de las reglas de juego que pueden ser utilizadas por el Congreso de la República cuando éste, en su función de representación, de control y de fiscalización considera que las actuaciones del gobierno no están siendo correctamente ejecutadas.
Y, en efecto, no están siendo correctamente ejecutadas porque hemos visto y seguimos viendo que muchos peruanos estamos siendo reglados, seguidos, escuchados e invadidos por entes del Estado y por no sabemos quiénes más, y con no sabemos qué propósitos.
Los argumentos que pretenden justificar esa práctica ilegal y repudiable pueden ser resumidos en la siguiente frase: En el Perú de hoy, los que caminamos por la calle no somos ya simples ciudadanos, somos todos sospechosos, ¡un peligro potencial para la seguridad interna!
Y eso, señores, no es pues normal, como nos quieren hacer creer los gobiernistas.
Por eso, les guste o no, los representantes del pueblo –representantes de la Nación, porque así lo dice la Constitución– decidieron decir basta y censuraron, y si así lo deciden también pueden decir basta a aquél que no es capaz de hacer cumplir las leyes ni la Constitución ni proteger nuestros derechos fundamentales. Así son las reglas de juego. Y el Perú no se detendrá, porque ha previsto todos los mecanismos posteriores para que el Estado no se paralice.
Ya vemos: luego de la censura, se aceptó la renuncia, se nombraron nuevos ministros, juramentaron y dentro de los 30 días pedirán al Congreso el voto de confianza y así continúan los procedimientos. No hay vacíos, no hay catástrofes.
Por tanto, ser irresponsables es apañar las prácticas ilegales; ser electoreros es infundir miedo porque se utilizan las herramientas democráticas; y, no aceptar que se están cometiendo irregularidades, disfrazar la situación y mentir, es estar moralmente incapacitado, y para enfrentar eso también hay otras reglas de juego que si se aplican no se caerá el Perú.