Quienes me han leído antes en "Punto de Encuentro" saben que suelo escribir sobre política, arte o temas sociales. El futbol lo vivo con pasión, las emociones no me permiten ser siempre objetivo. Alguna vez quise ser periodista deportivo pero, afortunadamente, el destino me llevo a la conducción de noticieros. Creo que no podría asumir un programa de deportes. No podría ser tan "diplomático" (con el perdón de algunos colegas que cuidan su pluma para no pelearse con futbolistas, hinchas o dirigentes). Así que me quedo donde estoy.
Pero soy peruano y soy hincha. Hace días que no dejo de pensar en la clasificación a la Copa del Mundo de Rusia. De todas las imágenes de esa noche histórica del 15 de noviembre de 2017 una se quedó grabada en mi mente: Edison Flores lloraba desconsolado en el hombro del defensa, Miguel Araujo. El mediocampista no podía contener el llanto. Parecía un niño que se había golpeado o al que se le había muerto un perrito. Obviamente no eran lágrimas de tristeza sino de felicidad. De haber logrado un sueño de siempre. De ver recompensado su esfuerzo de toda la vida (a su corta edad). En una campaña que no vio su talento desde el inicio pero en la que fue fundamental en la última recta, con grandes jugadas y goles.
Recuerdo haber ido al Estadio Nacional en el 2014 a ver un partido entre Sporting Cristal y Universitario de Deportes. "Oreja", como se le conoce con cariño, había vuelto de España donde jugó discretamente por el Villareal. Como el tigre, quiso dar un paso atrás para dar luego dos adelante. Aquella tarde vi como "bailó", en un metro cuadrado, a Ballón y Lobatón dos jugadores de mayor experiencia y miembros de la selección peruana en ese entonces. Inmediatamente miré a un amigo y le dije "Flores será el próximo 8 de la blanquirroja". El número o la posición importa poco ahora. Oreja fue convocado años después por Ricardo Gareca y escribió su propia historia, una historia que nos ha hecho delirar de alegría.
Para mi Edison Flores es el verdadero símbolo de esta Selección de ganadores. Representa la humildad, el compañerismo, la disciplina, la solidaridad, la nobleza, la entrega y el profesionalismo del equipo. Quizá no tiene el liderazgo de Paolo Guerrero, la popularidad de Christian Cueva, el respeto de Alberto Rodríguez, la garra de Renato Tapia, la picardía de Luis Advíncula o el "jale" de Aldo Corzo. Pero tiene una gran zurda y un inmenso corazón. Oreja nunca estuvo involucrado en escándalos. No necesita ponerse aretes, estamparse tatuajes o utilizar chimpunes extravagantes. No se tiñe el cabello ni se hace peinados llamativos (de hecho mantiene su raya al costado tipo colegial). Nunca inmerso en peleas en la cancha. Rara vez le pusieron una tarjeta amarilla, creo que no tiene una sola roja en su carrera. Siempre enfocado en su futbol y en salir adelante. Y vaya que lo está logrando. España, la "U" y ahora Dinamarca. Después de la experiencia mundialista estoy seguro que fichará por alguno de los mejores equipos del planeta.
Varias veces me han preguntado quién es mi ídolo. Y yo siempre he respondido que no idolatro a nadie. Ni en el futbol ni en la música, como muchos amigos. No "pagaría lo que sea por ver a Bono de U2 o para tomarme una foto con Lionel Messi", por ejemplo. La verdad nunca me ha interesado el artista o el futbolista más allá del gran momento que puede hacernos pasar con su arte y talento. Pero hoy quiero decirle públicamente a Edison Flores que lo admiro, que lo respeto y que le agradezco por tantas lágrimas, por tantas sonrisas y, sobre todo, por devolver la ilusión a tanta gente. A otros niños de Comas, como él, que tienen que tomar hasta tres colectivos para llegar a la escuela o a algún club deportivo. Que a veces no tienen para comer pero eso no los amilana en su objetivo de ser alguien en el futbol internacional.
Que lo ven como un referente, siempre con las ideas claras y sin creerse más que nadie. Pero luchador y guerrero, como su capitán, como tantos peruanos emergentes. No cambies nunca, Edison. De oreja a oreja.