Abstrac
Las transiciones democráticas son procesos de salida de un régimen autoritario hacia un sistema democrático. En los últimos 40 años el Perú vivió dos transiciones democráticas: la “Transición Hayista” de 1,979 (poco estudiada) y la “Transición Paniaguista” del año 2,000 al fin del régimen Fujimorista.
La “Transición Hayista” logró que (salvo SL) las izquierdas peruanas adopten en los hechos (y no producto de una evolución interna) los valores de la democracia parlamentaria. Haya los democratizó. Así mismo, en un nivel más profundo, en la cultura política peruana, la “Transición Hayista” estableció las bases para una cultura política de respeto de los DDHH, de la legitimidad de adversario o contendor político ydel diálogo como base del sistema republicano.
Las transiciones democráticas
En las ciencias sociales (Acriancen, Cárdenas, O¨donell, Schmitter entre otros), se ha estudiado los factores, escenarios y actores para las transiciones democráticas, entendidas en términos generales como los procesos de transito de regímenes autoritarios y/o dictatoriales hacia el restablecimiento de regímenes democráticos. Por ello, son procesos de cambio y construcción de un nuevo régimen de gobernabilidad política. De un tránsito. Termina una etapa y comienza otra. De una dictadurahacia el ejercicio y vigencia de la democracia.
En el proceso de estudio y comprensión de las varias transiciones democráticas habidas en América Latina, España y Portugal principalmente (en la medida que son un mejor referente para- comparativamente- comprender nuestro propio proceso), se ha ido añadiendo a los estudios el factor de la calidad institucional de las nuevas democracias constituidas. Sin embargo, en el análisis hay una gran ausencia: el fortalecimiento de una cultura democrática como base de la convivencia de la sociedad.
Las Transiciones Democráticas peruanas:
Con ese marco, vale la pena preguntarse entonces ¿cuáles han sido las transiciones democráticas peruanas de los últimos 40 años, y cuál su importancia para la constitución de una cultura e institucionalidad democracia sólida y sostenible?
Desde fines de 1970 hasta nuestros días, la sociedad peruana ha pasado por dos transiciones democráticas. En 1979, la transición democrática del complejo proceso del fin del Gobierno Militar de la FFAA (de vocación socialista) y la rápida transición democrática del fin del régimen autoritario del Fujimorismo. La primera transición fue un largo proceso construido entre muchos actores políticos para dar fin al Gobierno Militar de las FFAA originada en el golpe Militar del Gral. Velasco Alvarado. La 2da transición fue un proceso no planificado de apresurada administración del desmoronamiento del régimen Fujimorista derivado del abandono del poder del Presidente Fujimori al escapar del país.
En la academia peruana, hay abundante literatura sobre llamada 2da Transición denominada la “Transición Paniaguista”. Sin embargo, penosamente hay un inmenso silencio sobre la que debe llamarsepropiamente la “Transición Hayista”[1]. Para abordar la “Transición Hayista” y superar este silencio mutilador, tomamos la pregunta cardinal que propone Fina Birulés en su introducción a “¿Qué es la Política?” de Hannah Arendt: “¿Porqué debe haber alguien y no nadie?”[2]En la trascendental Transición democrática de 1,979 no hay nadie, hay alguien: Haya de la Torre.
El Gobierno Socialista de las FFAA:
En 1968, las FFAA dieron un golpe militar al Presidente Belaunde para impedir el ascenso de Haya al Poder en las elecciones de 1969. Contra los antecedentes de los golpes militares en Perú, el signo ideológico de este nuevo golpe de Estado era el Socialismo. La víctima política era la misma de siempre: el Aprismo de signo SocialDemócrata popular.
El Gobierno de las FFAA realizó importantes cambios en la política económica, en la estructura de la propiedad, en la ampliación de las actividades empresariales del Estado, en la intervención a los medios de comunicación, y en el impulso de una participación social corporativa manejada desde arriba, principalmente, buscando constituir una sociedad “socialista autogestionaria”. El fracaso del modelo económico, social y político comenzó a manifestarse en una creciente crisis económica a mediados de los años 70.
A diferencia del Régimen Fujimorista que estaba organizado a través de una manipulación y copamiento de las FFAA mediante estrategias de corrupción y prebendas, el Gobierno de las FFAA de fue un Gobierno INSTITUCIONAL, con un Proyecto Político de largo plazo, con un modelo de sociedad, y con varios grupos de intelectuales y técnicos socialistas y comunistas comprometidos en su implementación. Su descalabro comprometía a las FFAA y al propio país.
La mentalidad totalitaria de las izquierdas y la lucha armada
En paralelo a ese proceso político, las diversas variantes de las izquierdas socialistas peruanas impulsaban desde la década de los años 60 y 70 el derrocamiento del sistema democrático de elecciones mediante la Lucha Armada, ya sea esta mediante la estrategia Foquista o mediante la Guerra Maoísta del Campo a la Ciudad. SL no fue el único que impulsó ideológicamente la Lucha Armada. Fue uno entre pares. Virtualmente todas las organizaciones socialistas derivadas de VR –por ejemplo- no sólo impulsaron y fundamentaron política e ideológicamente la Lucha Armada, sino que construyeron al interior de sus organizaciones políticas aparatos militares. La democracia era sinónimo del Estado Burgués y debía ser volada en pedazos por los aires a sangre y fuego. El debate en la izquierda peruana no era por más democracia, sino –por el contrario- cómo establecer por vía de las armas un Gobierno Popular de corte socialista hacia una de las tantas versiones del comunismo que como grupos había.
Los años 60 -70 y 80 fueron años de mucha ideologización de los jóvenes y de las universidades. Nuevamente desde el campo popular la gran contención política e ideológica fue el Aprismo. El Marxismo era casi el único cristal a partir del cual se analizaba la sociedad en las ciencias sociales. La concepción de la política izquierdista partía de considerar la ilegitimidad básica del adversario político por expresar los “intereses de la clase burguesa” y las diversas estrategias de acción apuntaban o a su eliminación física, o su confinamiento a cárceles o proscripciones políticas de diverso tipo. La mentalidad autoritaria era la mentalidad política de las izquierdas peruanas.
Es en ese escenario de extremismo ideológico es que se gesta SL. El macabro mérito de Sendero fue llevar a cabo y a los hechos, lo que gran parte de la izquierda peruana predicaba: una versión maoísta de la lucha armada.
La Transición Hayista: pedagogía culturaldemocrática
Todos los factores apuntaban a que a mediados de los años 70 la sociedad peruana se enrumbaba hacia una olla a presión extremadamente peligrosa: crisis económica, Gobierno militar cuestionado y sin salida, movimientos de izquierda por la Lucha Armada. La sociedad peruana corría aceleradamente hacia el abismo.
En ese escenario, vuelve a surgir la figura de Haya de la Torre al mando de su viejo Partido, para construir una transición hacia la democracia, que preserve la institucionalidad de las FFA, genere condiciones para elecciones libres y construya un sistema de participación política que valore a la democracia y al Parlamento como eje central para canalizar las diversas propuestas políticas existentes en la sociedad.
Junto con los líderes Apristas y principalmente con el Embajador Carlos García Bedoya, se coordinó y negocio la salida mediante la convocatoria de una Asamblea Constituyente.
Casi en su integridad, el soporte político y social para la realización de la Asamblea Constituyente lo dio Haya de la Torre y el Partido Aprista. Otro actor importante fue el Partido Popular Cristiano y sus líderes políticos conducidos por su fundador el Dr. Luis Bedoya Reyes.
Pedagogía democrática a las izquierdas extremas
El debate político en las izquierdas socialistas y comunistas sobre si debían participar o no en las elecciones para la inesperada Asamblea Constituyente fue muy superficial. Fue un debate más práctico que ideológico. La fuerza de la realidad de la acción política democrática planteada y conducida por Haya de la Torre los descolocó ideológicamente y planteo por vía de los hechos su participación y/o exclusión, a contra corriente de sus discursos ideológicos expresos durante años.
Las elecciones de la Asamblea Constituyente de 1979 fue el inicio de la rápida difuminación del discurso por la Lucha Armada de la mayoría de la izquierda peruana, como parte de un proceso dado en los hechos (no como parte de una revisión política e ideológica). En la Asamblea Constituyente, Haya de la Torre desplegó personalmente una intensa y paternal pedagogía democrática con todos los líderes radicales elegidos. Con paciencia, escucha, inteligencia y hasta ternura, poco a poco fue desactivando los componentes más radicales y fundamentalistas de las ideologías totalitarias. Por la misma fuerza de los hechos y de la práctica democrática cotidiana, impulsó la gestación más importante de la cultura por la democracia en el Perú: integrar hacia los valores democráticos a las izquierdas peruanas socialistas que, hasta hacía poco, luchaban por la Lucha Armada y/o por formas de Gobierno autoritarios. Antes de tomar contacto con Haya de la Torre, las izquierdas extremistas pugnaban por sistemas totalitarios y dictaduras. Después de sentir su inmensa influencia adoptaron discursivamente los valores democráticos republicanos. Este cambio de cultura política –con sus matices y en varios casos con lamentables retrocesos- pervive en la izquierda peruana de hoy. La izquierda fue integrada a la democracia gracias a Haya de la Torre.
Instalando la cultura democrática en la política
El gran legado de la “Transición Hayista” es la instalación de los valores y de una cultura democrática en la sociedad política peruana. La integración de las varias izquierdas extremistas hacia la participación en el sistema democrático fue una de sus manifestaciones principales en el campo de los hechos prácticos de la política. Pero no fue el único. El principal impacto de la “Transición Hayista” fue de mayor profundidad: la cimentación de los principales valores democráticos en la sociedad política peruana, valores que no solo perviven y que no pudieron ser eliminados por el Autoritarismo Fujimorista, sino que son el actual cimiento cultural para la sostenibilidad de nuestro sistema político en democracia[3].
En paralelo a las largas horas de trabajo pedagógico con las izquierdas, Haya de la Torre junto con Luis Alberto Sánchez, AndresTwonsend y Ramiro Prialé, y con Luis Bedoya Reyes, Felipe Osterling, Mario Polar y AlayzaGrundi principalmente construyeron una Carta Política cuya impronta cultural democrática no solo perdura hoy día, sino que es referencia obligada de estudio.
La cultura política peruana es una, antes de la “Transición Hayista” y es otra a partir de ella. Su impronta democrática hasta ahora es la luz que nos invita a la tolerancia, que da sustento al respeto de los DDHH, que apuesta por sistemas políticos donde sea el diálogo el que prime y no la eliminación del adversario, que nos ayuda a comprender que las diferencias políticas e incluso el encono, no son diferencias personales.
La “Transición Hayista” es la Gran Transición para la Cultura Democrática en la sociedad Peruana moderna. Es el cimiento democrático para impulsar la constitución de una 2da República ahora que celebraremos el Bicentenario.
[1]La técnica del silencio para anular a los adversarios políticos de parte de una academia sesgada ideológicamente, borrar parte de nuestra historia, y afectar nuestra propia conciencia como sociedad sobre nuestros propios procesos, lamentablemente pervive. Tenemos –todavía- una academia con un espíritu republicano pobre, más declarativo que real.
[2]“¿Qué es la Política?”, Hannah Arendt, Paidos ICE/UAB, 2015, Introducción de Fina Birulés.
[3] El debate sobre el capítulo económico no tiene esta relevancia. El capítulo económico ha ido modificándose en el país, conforme se daba el desarrollo económico en el Perú y en el mundo, especialmente después de la caída del Muro de Berlín. Lo sustantivo es que ni siquiera el desarrollo económico posterior pudo florecer sin tener como cimiento cultural y político los valores de la libertad, los DDHH, la democracia y la igual de oportunidades.