La “Hora Final” - película peruana recientemente estrenada que narra los pormenores de la captura del cabecilla del grupo terrorista Sendero Luminoso, Abimael Guzmán - es un intento de reflejar lo que ocurrió en uno de los momentos más importantes en la historia reciente del país. No es la gran película de Hollywood. Tampoco es la peor película peruana. Le falta para mi gusto mayor emoción y detalle del momento mismo de la llamada captura del siglo. Además, considero que historias como estadeben ceñirse a lo que estrictamente pasó si queremos dejar enseñanza en las nuevas generaciones. Por eso, colocar escenas que solo existen en la imaginación del director no parecen ser lo más recomendable para este tipo de esfuerzos cinematográficos. Pero en fin, no soy un crítico de cine profesional. Solo lo hago como espectador y creo que esa es la función de nosotros, los que vemos y apreciamos el cine.
Está reflexión sin embargo no sería posible si últimamente no hubiera habido una apuesta por el cine nacional. Precisamente es la tendencia a mayor cine hecho en el Perú lo que nos hace más exigentes con su contenido. Y eso es importante no sólo para mejorar su calidad sino porque cada vez somos conscientes de que el cine es un elemento trascendente en la construcción de nuestra identidad, de nuestra cultura, de nuestra visión como nación. El cine es una industria que busca construir y consolidar un conjunto de prácticas y visiones que finalmente contribuyen con el desarrollo de un país.
Por eso resulta siempre positiva la apuesta por producciones nacionales de mejor calidad. Así, una ley de cine como la que está proponiendo actualmente el Ejecutivo con un mejor presupuesto claro que es justificable. Invertir en esta industria no es echar dinero al tacho como dicen algunos políticos mal informados. Una sociedad se construye con mejores condiciones de vida sin lugar a dudas. Y parte de esas mejores condiciones la otorga la industria cinematográfica difundiendo la historia viva del país. Claro, es tan solo una parte de la solución a un problema profundo que tienen que ver con niveles de pobreza y acceso a servicios básicos. Pero como hacen los buenos estrategas, miremos el bosque de la identidad nacional y el árbol de mezquindad. No podemos esperar más. Es nuestra “Hora Final” para construir un país.