Los peruanos seguimos siendo testigos de los más álgidos y cambiantes discursos dentro del debate entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. Las estrategias en las respuestas de los actores en cuestión ponen de manifiesto sus intereses y políticamente es correcto en cuanto al fondo. La crítica parte cuando las formas en las que se plantean estas relaciones, son contrarias al deber ser de la gobernabilidad democrática.
El anuncio de interpelación a la ex ministra de Educación, Marilú Martens, hecha por la bancada de Fuerza Popular, llevó a las relaciones de poder a uno de sus puntos más críticos. Nuevamente el peligro de perder un ministro a causa del ajusticiamiento parlamentario era inminente y la salida del Ejecutivo era plantear la cuestión de confianza.
La reestructuración del gabinete permitirá darle tregua a este escenario conflictivo que sobrepasa todo intento de institucionalidad de cierto sector de la izquierda y la espontaneidad en la crítica de algunos rostros en campaña presidencial. El fujimorismo alinea su discurso a su mejor oferta como agente ordenador y de esperanza de mejora a los errores del Ejecutivo que ellos mismos se encargan de exacerbar siguiendo la estrategia de representación y cumplimiento de demandas ciudadanas en el escenario per se: el Parlamento.
Ahora mismo el gobierno no quiere asumir una salida institucional, busca salvar la situación y hacer más prolongada la convivencia. Los cambios de rumbo seguirán siendo inestables, teniendo de fondo la misma actitud prolongada del fujimorismo en un intento de institucionalización partidaria y de conexión entre la marginalidad y la opresión. El Ejecutivo buscará adoptar prácticas de negociación y consenso político con respuestas insuficientes ante lo que plantee de fondo la mayoría parlamentaria.
La dinámica que plantean los actores vigilantes o avales de este gobierno, viene siendo un juego de cálculo político donde cada quien opta por participar o no de acuerdo al costo frente a la ciudadanía que representaría fracasar o tener éxito en la coyuntura nacional. Este es un juego político donde el mejor posicionado es el partido de los Fujimori donde plantean coyunturas y respuestas netamente políticas, arrinconando a un gobierno que en cualquier escenario posible, no le será viable si quiera mantener la estabilidad ilusoria que de momento podría negociar.
La estrategia de Keiko Fujimori es la legitimación bajo el posicionamiento de alternativa de gobierno y factor decisivo en la reducción del grado de conflictividad de ciertos puntos en la agenda nacional del país. Está en su derecho, políticamente incorrecta pero mientras se rija a las reglas de juego democrática y constitucionalmente permitidas, todo será algo propio de la aceptable percepción de los ciudadanos. Lo del presidente Kuczynski es ir al todo o nada, aún considerando decisiones que le juegan de tú a tú a una mayoría que en cualquier escenario, sale ganando.