Artículo en Coautoría con Víctor Raúl Trujillo de Zela
La renovación de un partido político significa la elección democrática de sus dirigentes, así como la fortaleza de su participación en el Legislativo. El papel del Partido Aprista en la historia legislativa del país data desde 1931, cuando el poder nacional lo detentaba la dictadura sanchecerrista, sobre 147 representantes, el PAP contaba con una minoría de 27 miembros, pero siempre guiada por la unidad de la república, la justicia social y la democracia. En ese entonces, la célula parlamentaria estaba integrada por apristas como Manuel Arévalo, Alcides Spelucín, Luis Alberto Sánchez, Luis E. Heysen por Lambayeque.
Hoy, el partido de Haya de la Torre, y que ha celebrado sus elecciones internas en democracia, desde el Legislativo ha emprendido la lucha por la unidad, la gobernabilidad y el respeto por la autonomía de las instituciones. El Dr. Javier Velásquez Quesquén, integrante de la célula parlamentaria aprista, representa hoy ese espíritu concertador y fiscalizador de todo parlamentario.
Concertador, porque la gobernabilidad y el respeto a la Constitución van de la mano. El apoyo a la interpelación a la Ministra de Educación, porque se sostiene que la interpelación es un mecanismo constitucional que puede lograr que el camino enderece su política nacional. Hoy, la huelga se ha levantado, pero el problema es latente. Fiscalizador, este papel ha quedado demostrado en el énfasis crítico ante la Ley Universitaria y la pérdida de autonomía al que se verían enfrentadas las universidades con la intervención del Ejecutivo en el control de las mismas.
El Legislativo es el primer poder del Estado, su rol fiscalizador es su razón de existencia en el aparato de gobierno. Los partidos políticos son las instituciones de la sociedad civil llamadas a contribuir a la gobernabilidad, que no es sino la estabilidad del sistema democrático.
Hoy más que nunca, en una coyuntura en el que el país es gobernado por la forma más apolítica que puede tomar una tecnocracia, la cual ha transitado de su forma política a una forma gerencial. ¿Qué hacer? Revertir el proceso. ¿Cómo? Retornando a la política no solo en su definición estructural de medio-fin, sino en su dimensión integral de lucha por el poder a través del canal ideológico. ¿Cuál es el punto de inicio? Los partidos políticos deberán plantear su propia historiografía a fin de esclarecer su razón de ser frente a un espectro social, más complejo, más variado, con otra velocidad de comunicación, pero con las mismas demandas: integración económica, justicia plural y libertad.
Un partido político lo constituyen sus líderes y su irrestricto compromiso por la democracia, la cual está por encima de cualquier ismo.