Qué duda cabe que la profesión más noble de todas es la de maestro, puesto que es el encargado de formar a los líderes del mañana, y quien con -mucho o poco- tiene la obligación de no solo ceñirse a sus asignaturas, sino -también- ser un acompañante de vida para sus alumnos, incluso en algunas ocasiones suelen suplir la labor de los padres.
Mi madre ha sido profesora durante 25 años, y siempre me repetía la frase: “la profesión de maestro es un apostolado”, y se me viene a la mente dada la coyuntura actual, eso sí, con algunos reparos que señalaremos a lo largo del presente texto.
Desde el 15 de junio los maestros se encuentran en huelga con un pliego de reclamos bastante diverso: remuneración mínima inicial de S/. 2,000 para el 2018, incremento del presupuesto en el sector educación, aumentar la plaza para el concurso de la carrera pública magisterial, eliminar las evaluaciones, entre otras.
Ahora bien, como todo pliego de reclamos este debe ser negociado, sin embargo, ahí surge un gran inconveniente para los maestros, puesto que el Sindicato Único de Trabajadores en la Educación del Perú (SUTEP) tiene disidentes, y otras facciones que se contraponen en algunos puntos del pliego de reclamo: Comité Nacional de Reorientación y Reconstrucción (CONARE), Sute Democrático, federaciones y otros, por lo que el tema pasa por representatividad.
No está en “tela de juicio” la probidad ni la justicia de los reclamos de los maestros, quienes a duras penas obtienen un sueldo de 1,500 soles por 30 horas pedagógicas de labor, y -quienes- tienen que recurrir a un trabajo adicional con la finalidad de compensar las necesidades propias de sus hogares, y eso que no estamos abordando la problemática de los jubilados del sector educación, quienes llegan a ganar 800 soles mensuales como pensión, la cual -como sabrán- es menos que la remuneración mínima vital y no es suficiente para cubrir las necesidades básicas de quienes dedicaron su vida a la formación de personas.
Lo que sí es necesario reclamar y que los maestros deberían salvar distancia es de aquellos dirigentes mediáticos con cierto afán político, puesto que desvirtúan la protesta original y no envían un mensaje serio al ciudadano que -muchas veces- desconoce el tema, pero apoya la lucha porque entiende que el maestro es parte de una minoría desprotegida y olvidada por el Estado.
En la coyuntura actual han confluido algunos factores que han sido determinantes para generar este caos que nos han sumergido en una huelga de más de 60 días, y donde el más perjudicado es el alumno quien no tiene certeza si el día de mañana los profesores volverán a las aulas, y se corre el riesgo de perder el año escolar: la inexperiencia política del gobierno, quienes -erróneamente- aceptaron reunirse con una facción del SUTEP, sin haber previsto que dicha facción no representaba al íntegro del magisterio; además, la falta de representatividad y unión dentro del sindicato de maestros, quienes no han elevado una plataforma de lucha única y siguen las pugnas internas con ambiciones personales, por lo que no se avizora una solución al corto plazo.
¡En la lucha por la justicia y la igualdad estamos juntos, pero sin ambiciones políticas ni desinformando, mucho menos ejerciendo violencia u obstruyendo vías públicas!
“Poca gratitud se tiene por el maestro cuando se continúa siendo siempre alumno”
Friedrich Nietzsche