Estamos próximos a comenzar un período de campaña electoral, con miras a las elecciones generales del 2016. Para ello, los partidos políticos se encuentran en una etapa de elecciones internas, a fin de elegir a los cuadros técnicos y partidarios idóneos para llevar a cabo las respectivas campañas.
Por otro lado, nuestra “fauna política” se ha caracterizado por personajes bastante peculiares. Hoy en día, el más resaltante es -sin duda alguna- Daniel Urresti, quien al parecer cuenta con la simpatía de muchos, y también la enemistad de no pocos. Sin embargo, ¿será este personaje el “outsider” de la campaña electoral con miras al 2016?
Para poder responder a esta interrogante pasaremos a analizar la posible candidatura de Urresti desde la perspectiva del capital político que ostenta o del que carece. El capital político es un término propio de las ciencias políticas y la sociología, que refiere al conjunto de factores sobre el cual se construye una candidatura, y que debe sostener la misma durante la etapa pre y post electoral.
El capital político está compuesto por diferentes factores, entre ellos, la representatividad, experiencia en la función pública y toma de decisiones, manejo político de situaciones, imagen en los medios, agenda política, asesores idóneos, manejo organizacional, entre otros. Todo esto es importante al momento de lanzar una candidatura, pues detrás del personaje, está o debería estar un grupo que apoye en esos temas.
Ahora bien, haciendo un análisis preliminar sobre la base de las actuaciones públicas de Urresti observamos que es aún inexperto en los temas de función pública y toma de decisiones, ya que sus medidas efectistas y cortoplacistas fueron desarticuladas rápidamente con el nuevo ministro del interior, pues no se avocó a elaborar políticas públicas que trasciendan con el tiempo, sino tan solo a resolver problemas del día a día, además, carece de manejo político de situaciones, pues utiliza las redes sociales de manera irrespetuosa y agresiva, la imagen que se ha formado es de un “showman”, mas no como un político que tome con la seriedad del caso el cargo al que aspira; además de tener al partido nacionalista como su promotor, quien no solo carece de presencia nacional, es decir, no tiene bases sólidas a lo largo del país, sino que –también- no es capaz de consolidar ni manejar a su grupo parlamentario, ya que hemos visto la renuncia de varios de ellos.
Entonces, debemos concluir que el capital político que ostenta Urresti es volátil, pues es susceptible de disminuir en la medida de cómo se presente el escenario político, al no tener un grupo consolidado y notable que lo apoye en su eventual campaña, y por lo controversial de su personalidad. Los candidatos suelen confundir la simpatía que pueda tener la ciudadanía, con la posibilidad de votar a su favor, pues, una no supone la otra necesariamente. En realidad, lo que se valora al momento de votar por un candidato es su valía en lo que respecta a capital político, ya que este indicador nos muestra su capacidad de gobernabilidad y gestión pública.