Punto de Encuentro

El Apra

26 Enero, 2017

José Bulnes

 

Jose Bulnes

La fraternidad y la disciplina, tal vez, son los primeros valores que confluyen con la vida del sujeto (ciudadano) que busca interiorizar una doctrina. Difícilmente puede pensarse que estos valores excluyan la conducta racional del político. Actualmente, no se trata de sagacidad política, sino de evitar que un significado político se diluya. El objetivo de este artículo es el siguiente: esbozar una respuesta a la pregunta, ¿de qué naturaleza es la crisis del Apra?

En primer lugar, debe puntualizarse que la referencia al corpus doctrinario es un derecho que se gana y remite el reconocimiento de las vidas que están detrás de esas ideas. Solo basta con señalar que el aprismo hoy se practica en democracia (2000 hacia adelante), otros lo practicaron en tiempos de dictadura (1930, 1940, 1960, 1970, 1990). Por tal motivo, la exposición será un acercamiento.

Electoralmente, el Apra, en Lima, se ha decantado, en contraste con la década del ochenta. Pero esta situación es estructural. Los independientes aparecen en política no desafectos de ella, sino de su institucionalidad, justo en el instante en que el Apra llegaba al poder (1985-1990), luego de bregar desde 1931 por la institucionalidad del voto y la institución del parlamento. El Apra, al parecer, alcanza la institucionalidad, cuando ésta ya no alcanza para vincular a los peruanos.

Programáticamente, los fines son claros, justicia social y pan con libertad. Sin embargo, la controversia aparece cuando estos principios se ven opacados por actos individuales que colindan con lo irregular. La corrupción, ya sea por los enemigos o por las cercanías, viene asociada al Apra desde la percepción, la opinión general.

Ideológicamente, la doctrina del aprismo está clara. La socialdemocracia es su derrotero último. Sin embargo, pesan sobre la doctrina aprista los virajes dados en el tiempo. El Apra tendrá que definir claramente desde dónde hilvana su discurso ideológico, en medio de un contexto  donde lo doctrinario tal vez ha perdido el empuje de antaño, y hacia qué nuevo sujeto político va dirigido.

Finalmente, ¿quién es hoy el interlocutor del Apra? Se ha desplegado, históricamente, una estrategia de alianzas a fin de dar frente a la coyuntura política. Hoy, los interlocutores, si bien no son los mismos (sanchecerrismo, pradismo, etc.), se presentan bajo la forma de fujimorismo, una derecha popular, y las otras fuerzas políticas, la izquierda bajo la forma de frentes y movimientos, y agrupaciones de independientes. Pero, al ser el antiaprismo y el antifujimorismo, dos formas de la antipolítica, conviene referir lo siguiente: la “renovación” del partido, exige una relectura de la tradición aprista, y el estudio “desideologizado” del fujimorismo al ser éste un fenómeno transversal a la política desde los 90, en lo económico (la reinserción del país al crédito internacional), en lo político (el inicio del liberalismo económico y su correlato político en la Carta de 1993) y en lo social (la raigambre popular de manera sostenida desde el 1992 hacia adelante).

Pero la confianza y la fe más la organización harán del Apra otra vez una fuerza social y política determinante en el país. Un militante no podría dudar de eso.

 

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