Punto de Encuentro

¿Dónde está la derecha?

El término de “derecha política” se remonta a la Asamblea Nacional Constituyente de 1789. Aquí, se discutió sobre el alcance del veto del monarca frente a las decisiones parlamentarias. A fin de ordenar la votación, los diputados a favor de un mayor poder del rey, se situaron a la derecha del Presidente de la Asamblea, y, por el contrario, los que estaban en contra y defendían un poder limitado del mismo, se ubicaron a su izquierda. En el Perú, a través del tiempo y tras un pasado histórico de opresión, ser de “derecha” ha llegado a lindar con una “mala palabra”. Ahora que, hasta Pedro Pablo Kuczynski pide que lo vinculen con la izquierda, cabe preguntarse ¿dónde está la derecha política peruana?

A pesar de no haber un real consenso sobre la definición de derecha política, esta ha sido asociada generalmente a la defensa del status quo, al conservadurismo, al orden ético tradicional y a la adopción del neoliberalismo como economía de mercado. De la misma manera, ha asumido las libertades individuales, así como la protección de la propiedad privada como derechos inalienables. En ese sentido, mientras que en Estados Unidos o en países de Europa, dado su bipartidismo, la posición de derecha es más demarcada (con respecto a la izquierda) y, por tanto, más reconocible; en el caso de Perú, con un multipartidismo latente, que acoge a partidos políticos improvisados y construidos con fines electorales, sugiere una postura sumamente difusa.

Tras la recuperación de la democracia en 1980, los partidos políticos que llegaron a la Presidencia de la República, a saber, Acción Popular y el Partido Aprista Peruano, en sus inicios se reconocían como organizaciones de izquierda. Y, por su parte, quizás el único partido vigente, considerado de derecha tuvo que, desde tiempos precedentes, unirse a bases izquierdistas para contar con opciones electorales (1985). Los sucesores políticos, Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala han recurrido a discursos de suma crítica contra el orden establecido, en ocasiones, incurriendo en la oposición frente a las grandes empresas, sobre todo mineras.

En ese sentido, se entiende que la derecha política no ha ganado elecciones en el Perú. Esta perdió en 1985 frente a Alan García, en 1990 frente a Alberto Fujimori, en el 2001 frente a Alejandro Toledo, en el 2006 frente al segundo Gobierno de Alan García (la derecha era representada por Lourdes Flores) y en el 2011 frente a Ollanta Humala. Así, ser de derecha ha tendido a ser un ataque reiterativo. Tenemos, por ejemplo, a quien fue catalogada como “la candidata de los ricos”, Lourdes Flores, cuyo lastre la condenó a la eterna candidatura sin conseguir el triunfo electoral ni en la Presidencia de la República ni en la Alcaldía Metropolitana.  

Ahora bien, no hay partidos políticos que se auto-reconozcan de derecha. Así, cuando surgen críticas contra la izquierda, organizaciones y líderes políticos que se sienten aludidos dan respuesta; no obstante, cuando atacan a la derecha nadie responde porque no se reconocen como tal. Para muchos, y en palabras de Sinesio López, “ella alberga a conservadores y a reaccionarios, a los defensores de la tradición y del status quo, a los promotores del autoritarismo (la mano dura) y a los arribistas de toda laya”.

No obstante, a pesar de que la derecha, así como la izquierda, mantiene un ala extremista que colinda con el autoritarismo; cabe precisar que esta no es mala en sí misma y no porque algo sea ejecutado en detrimento de la sociedad se reduce a dicha tendencia política. A la luz de lo expuesto, y en vista de las elecciones del 2016, no hay un frente que se haya autodenominado de derecha, a diferencia de la izquierda política; acaso, tal como la frase de Simone de Beauvoir “el que dice que no es de derecha ni de izquierda, es de derecha”. Dicha frase condice, asimismo, con el modelo económico de los últimos 25 años. Así, a pesar de que podría ser una opción interesante un frente de derecha democrática y liberal, con lo degradado del término, es totalmente incierto si podría calar en las preferencias electorales ciudadanas.

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