Punto de Encuentro

Los caballos de Troya que amenazan Lima

Por Silvana Pareja

La política peruana tiene una extraordinaria capacidad para cambiar de apariencia sin cambiar necesariamente de protagonistas. Se renuevan los colores, se ensayan discursos de moderación y aparecen fotografías cuidadosamente construidas para transmitir renovación. Sin embargo, detrás de algunas candidaturas permanecen viejas formas de ejercer el poder y preguntas que nunca terminaron de responderse.

Por eso, la advertencia de Rafael López Aliaga sobre los “caballos de Troya” que buscarían llegar a la Municipalidad de Lima merece una discusión que vaya más allá de la frase política. Francis Allison y Carlos Bruce no son desconocidos para los limeños. Ambos cuentan con una extensa trayectoria pública y precisamente esa experiencia obliga a evaluarlos no por lo que prometan durante una campaña, sino por lo que representan políticamente.

La próxima elección encontrará, además, una ciudad golpeada por la inseguridad. Para miles de familias, salir a trabajar, abrir un negocio o utilizar el transporte público significa convivir con el temor a la extorsión, el robo o la violencia. Lima necesita respuestas concretas frente al crimen, pero también necesita protegerse de otro peligro: volver a entregar decisiones estratégicas de la ciudad a intereses que durante años parecieron tener más capacidad de influencia que los propios ciudadanos.

Y allí aparece inevitablemente el debate sobre los peajes.

Los peajes no constituyen únicamente una discusión contractual. Para buena parte de Lima representan el símbolo de una época en la que decisiones fundamentales sobre la ciudad terminaron condicionando durante décadas la vida y el bolsillo de sus habitantes. Por ello, cualquier candidato que aspire a gobernar la capital debería explicar, sin evasivas, cuál será su posición frente a las concesiones cuestionadas y hasta dónde está dispuesto a defender los intereses municipales.

Allison y Bruce tienen una responsabilidad particular. Si consideran injusta la acusación de López Aliaga, tienen una manera sencilla de enfrentarla: responder con compromisos políticos inequívocos. ¿Qué posición asumirán frente a los peajes? ¿Garantizarán que Lima no retrocederá en lo avanzado? ¿Qué harán frente a los intereses económicos vinculados a las concesiones que durante años condicionaron a la ciudad?

El silencio o la ambigüedad también comunican.

La metáfora del Caballo de Troya resulta incómodamente pertinente porque Troya no cayó frente a un enemigo que irrumpió violentamente atravesando sus murallas. Cayó después de permitir su ingreso. El peligro estaba oculto dentro de aquello que parecía inofensivo.

López Aliaga tampoco puede limitarse a señalar adversarios. Si pretende defender su legado político, deberá demostrar resultados verificables en seguridad, infraestructura y recuperación de la autoridad municipal. La crítica exige también gestión.

Pero Lima tiene derecho a desconfiar de quienes pretenden regresar al poder sin explicar claramente qué harán con los problemas que marcaron el pasado de la ciudad.

Las próximas elecciones no deberían convertirse en un concurso de simpatías. Los limeños tendrán que decidir qué intereses quieren dentro de la Municipalidad. Porque algunas veces el pasado no regresa diciendo que quiere volver.

Simplemente cambia de envoltura y espera que alguien vuelva a abrirle las puertas.

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