Punto de Encuentro

El verdadero desafío del nuevo gobierno

Autora: Silvana Pareja

Toda elección presidencial marca el inicio de una nueva etapa, pero pocas veces un gobierno comienza bajo un nivel de escrutinio tan alto como el que enfrenta Keiko Fujimori. La expectativa ciudadana no solo responde a las promesas de campaña, sino también al peso de una historia política que inevitablemente acompaña su llegada al poder. Esa realidad convierte su mandato en uno de los mayores desafíos de la democracia peruana contemporánea.

La legitimidad que otorgan las urnas constituye un requisito indispensable para gobernar, pero nunca reemplaza la obligación de demostrar resultados. La confianza ciudadana deberá consolidarse mediante decisiones acertadas, transparencia en la gestión pública y respeto absoluto por el orden constitucional. En un contexto de instituciones debilitadas y una ciudadanía cada vez más exigente, el margen para el error es considerablemente menor que el de administraciones anteriores.

El Perú enfrenta problemas cuya solución ya no admite postergaciones. La inseguridad ciudadana continúa siendo una de las principales preocupaciones de la población; la informalidad limita el crecimiento económico y reduce la protección social; la calidad de la educación sigue mostrando profundas brechas territoriales; y los servicios públicos mantienen diferencias significativas entre Lima y las regiones. Ninguno de estos desafíos podrá resolverse únicamente con estabilidad macroeconómica. El crecimiento económico debe traducirse en bienestar tangible para las familias.

En ese escenario, la capacidad de gestión será determinante. Más allá de las orientaciones ideológicas, un gobierno se fortalece cuando conforma equipos técnicos competentes, ejecuta adecuadamente el presupuesto público y establece políticas de Estado que trasciendan los periodos presidenciales. Los ciudadanos esperan menos confrontación política y una administración capaz de resolver problemas concretos.

Otro aspecto igualmente importante será la fortaleza institucional. El país necesita recuperar la confianza en las entidades públicas mediante el respeto a la separación de poderes, la lucha frontal contra la corrupción, la defensa de las libertades democráticas y el fortalecimiento de la meritocracia en la administración pública. La gobernabilidad sostenible depende mucho más de instituciones sólidas que de mayorías circunstanciales.

Sin embargo, existe un desafío adicional que trasciende la gestión cotidiana. Keiko Fujimori tendrá la oportunidad de consolidar un liderazgo propio, definido por sus propias decisiones y no únicamente por las interpretaciones históricas sobre el gobierno de Alberto Fujimori. El debate sobre aquel periodo continuará formando parte de la vida política nacional, pero corresponde al gobierno actual construir una identidad basada en sus propios resultados.

La ciudadanía evaluará cada política pública con especial atención. Esa exigencia no constituye una desventaja para la democracia; por el contrario, fortalece los mecanismos de control y obliga a ejercer el poder con mayor responsabilidad. Los gobiernos democráticos se legitiman diariamente mediante sus acciones, no únicamente mediante el resultado electoral que los llevó al poder.

El éxito de esta administración dependerá, en buena medida, de su capacidad para demostrar que es posible combinar estabilidad económica con desarrollo social, crecimiento con inclusión y autoridad con pleno respeto al Estado de derecho. Ese equilibrio será la verdadera medida de su legado.

Más allá del debate político, el país necesita que este gobierno tenga éxito en aquello que realmente importa: mejorar la calidad de vida de los peruanos, fortalecer las instituciones y recuperar la confianza en el Estado. Al final, la historia no recordará únicamente quién llegó al poder, sino cómo ejerció esa responsabilidad y qué país dejó para las siguientes generaciones.

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