Escribo este artículo de opinión, un día después del domingo 21 de junio de 2026, fecha en la que realizó la 2da vuelta presidencial en Colombia, donde el candidato “outsider” de derecha Abelardo de la Espriella, al obtener un 49,66% de los votos, ha derrotado al candidato oficialista de izquierda Iván Cepeda, quien consiguió un 48,70%; una mínima diferencia que se concreta en 250,830 votos a favor de Abelardo de Espriella. En la 1ra vuelta presidencial del domingo 31 de mayo, ambos candidatos “polarizantes” y ubicados ideológica y políticamente en las antípodas, concentraron casi el 85% de los votos del electorado colombiano.
Desde la 1ra vuelta, Iván Cepeda, como candidato del oficialismo, partía en las encuestas de un piso del 40%, similar a la aprobación del actual Presidente izquierdista Gustavo Petro, mientras que Abelardo de la Espriella, aparecía con una intención de voto entre 30% y 40%, compitiendo con otros dos candidatos de centroderecha (Sergio Fajardo) y derecha (Paloma Valencia). El reto de De la Espriella, desde la 1ra vuelta, era aglutinar el voto del electorado de centroderecha y derecha, en torno al rechazo que genera la actual gestión presidencial de Gustavo Petro. Queda claro, que esta “polarización” entre dos posiciones políticas extremadamente opuestas (ejes de izquierda / derecha y violencia / orden), y el enfoque “plebiscitario” de esta votación, fue muy bien aprovechado por De la Espriella para posicionarse como el candidato más competitivo, combativo y aglutinante del espectro de la centroderecha y la derecha colombiana.
Dicho lo anterior, será muy interesante ver si Abelardo de la Espriella, ya en su rol de Presidente de Colombia, asume el liderazgo de la derecha colombiana, en reemplazo del ex Presidente Álvaro Uribe, y no solo es un “outsider” circunstancial, que surgió en el momento adecuado para aprovechar una oportunidad de mercado. Y así como el primer reto de De la Espriella, era aglutinar el voto del electorado de derecha, a partir de ahora, su segundo reto será consolidar el apoyo de este electorado para construir un soporte que, no solo sostenga y legitime su período presidencial, si no también, sirva como piso para el próximo candidato de derecha que se presente en las elecciones presidenciales de 2030.