Punto de Encuentro

7 de junio: La bandera peruana vestida de luto

Entre la memoria de nuestros héroes y la incertidumbre de una nación que siente que su destino ya está echado.

Por Joseph Abraham Villacorta Olano, M.D.

La bandera del duelo nacional: el grito de un Perú en peligro

                                                       

La bandera negra de una patria en agonía

Desde niño, en mi etapa escolar primaria, cantaba año tras año, cada 7 de junio, al igual que miles de niños peruanos, esta hermosa canción: “Arriba, arriba, arriba el Perú y su enseña gloriosa inmortal. La batalla del 7 de junio fue epopeya de un héroe inmortal; luchando en Arica murió Bolognesi, mostrándole al mundo su heroico valor.”

La cantábamos con emoción, con inocencia y con orgullo. Eran años en que uno aprendía que la bandera del Perú no era solamente un símbolo patrio: era historia viva, era sacrificio, era honor, era la memoria de hombres que defendieron a la nación hasta el último aliento.

Cada 7 de junio mirábamos la bandera con respeto profundo. Nos enseñaban a honrar la entrega de Francisco Bolognesi y de quienes cayeron en la Batalla de Arica defendiendo al Perú. Nos enseñaban que la patria era algo sagrado y que la bandera roja y blanca debía ondear siempre como símbolo de dignidad, valentía y unidad nacional.

Hoy vuelvo a recordar esa canción.

Y confieso que la escucho con un sentimiento distinto.

Porque este 7 de junio de 2026, para muchos peruanos, nuestra bandera parece vestirse de negro y blanco.

Negro por el luto que invade el corazón de miles de ciudadanos frente al incierto escenario político que vive el país. Blanco por la esperanza que todavía resiste. Negro por la preocupación que despierta ver al comunista radical Sánchez llegar al poder. Blanco por la fe de quienes aman profundamente esta tierra y desean verla libre, firme y en paz.

Hoy el Día de la Bandera no se siente como una fecha más.

Se siente como una reflexión nacional sin posibilidad de retorno alguno.

Mientras recordamos a nuestros héroes y miramos hacia Arica con respeto y gratitud, el presente obliga a mirar también el rumbo de nuestra República. El país atraviesa horas de tensión y de incertidumbre. En calles, hogares y plazas se siente una preocupación que no puede ignorarse.

Por eso la imagen de una bandera negra y blanca resulta tan poderosa.

No representa rendición.

Representa advertencia.

Representa el dolor silencioso de quienes sienten que el Perú atraviesa una de sus horas más delicadas y que el destino nacional exige lucidez, responsabilidad y valentía.

En 1880 Bolognesi defendió el honor del Perú en el campo de batalla.

Hoy la batalla es distinta.

Es política. Es institucional. Es moral.

Y por eso este 7 de junio pesa tanto en el alma de millones.

Porque no se trata solamente de recordar el sacrificio del pasado.

Se trata también de preguntarnos qué país queremos dejar mañana.

Y mientras el cielo de junio vuelve a mirar nuestra bandera, muchos peruanos elevan una oración silenciosa por la patria.

QUE EL PERÚ ENCUENTRE CLARIDAD.

QUE EL PERÚ ENCUENTRE FORTALEZA.

Y QUE LA ENSEÑA GLORIOSA E INMORTAL SIGA SIENDO, PARA LAS NUEVAS GENERACIONES, SÍMBOLO DE HONOR, DE UNIDAD Y DE ESPERANZA PARA NUESTRA NACIÓN.

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