Punto de Encuentro

La Ruptura de Relaciones entre Perú y México en el Contexto de las Acusaciones de Trump contra el Narcotráfico y enroques geopolíticos.

4 Noviembre, 2025

Miguel Gogny

Por Miguel Gogny 

En un giro dramático que resalta las persistentes tensiones políticas en América Latina, el gobierno de Perú anunció ayer 3 de Noviembre la ruptura total de relaciones diplomáticas con México. Esta decisión, motivada por la concesión de asilo político por parte de México a la ex primera ministra peruana Betssy Chávez, marca un punto de inflexión en las ya deterioradas relaciones bilaterales. Chávez, aliada cercana del vacado ex presidente Pedro Castillo, enfrenta cargos en Perú por presuntamente participar en un intento de golpe de Estado en diciembre de 2022. La medida peruana no solo refleja disputas internas sobre la legitimidad sino que se inscribe en un panorama geopolítico más amplio, influido por las presiones estadounidenses bajo la administración de Donald Trump, quien ha intensificado sus acusaciones contra México por su permisividad frente al tráfico de drogas.

Las fricciones entre Perú y México no son nuevas y se remontan al controvertido derrocamiento de Pedro Castillo en diciembre de 2022. Castillo, un líder izquierdista elegido democráticamente en 2021, intentó disolver el Congreso en un acto calificado como autogolpe, lo que llevó a su arresto y destitución. México, bajo el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), adoptó una postura de apoyo explícito a Castillo, interpretada por el gobierno peruano como una injerencia en sus asuntos internos. Esta posición culminó en la declaración de persona non grata al embajador mexicano en Lima, Pablo Monroy Conesa, el 20 de diciembre de 2022. Perú concedió a Monroy 72 horas para abandonar el país, argumentando que sus declaraciones y acciones constituían una interferencia indebida. Monroy, un diplomático de carrera con experiencia en la ONU y en misiones en América Latina, había facilitado refugio en la embajada mexicana a la familia de Castillo, lo que exacerbó las tensiones.

Tras la expulsión de Monroy, las relaciones se degradaron a nivel de encargados de negocios. Karla Ornelas asumió la conducción interina de la legación mexicana en Lima, pero el 3 de noviembre de 2025, Perú la declaró también persona non grata y le dio un "plazo perentorio" para salir del país. Esta acción precedió inmediatamente al anuncio de la ruptura diplomática, consolidando una brecha que ha persistido durante casi tres años. México, ahora bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, ha mantenido la línea de su predecesor, priorizando el asilo político como un principio de no intervención y solidaridad con gobiernos progresistas, incluso ante acusaciones de corrupción o inestabilidad en países como Perú.

Desde una perspectiva diplomática, esta secuencia de eventos viola convenciones internacionales como la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas (1961), que protege la inviolabilidad de las misiones diplomáticas pero también exige respeto a la soberanía del Estado receptor. Perú argumenta que México ha utilizado su embajada como refugio para "fugitivos" políticos, mientras que México defiende el asilo como un derecho humanitario. Geopolíticamente, esta disputa refleja la polarización ideológica en la región: Perú, bajo el nuevo presidente José Jerí Oré, se alinea con posturas conservadoras y pro-estadounidenses, contrastando con el eje izquierdista que México ha intentado liderar junto a países como Venezuela, Colombia y Brasil.

 El Contexto Geopolítico: Polarización Regional y el Rol de Estados Unidos

La ruptura es una decisión culminante de tensiones acumuladas. América Latina atraviesa una fase de realineamiento ideológico, donde gobiernos de izquierda como los de México, Nicaragua, Brasil, Cuba y Colombia enfrentan presiones de administraciones conservadoras en países como Perú, Ecuador, Paraguay y Argentina. El asilo a Betssy Chávez, quien huyó a la embajada mexicana en Lima, se percibe en Perú como un desafío directo a su sistema judicial. Chávez enfrenta cargos por rebelión y conspiración, vinculados al frustrado  golpe de Castillo, y su escape intensifica las acusaciones de que México fomenta la inestabilidad regional al proteger a figuras controvertidas.

En este escenario, las acusaciones de Donald Trump contra México por su "permisividad" con el tráfico de drogas agregan una capa geopolítica crucial. Trump, quien asumió su segundo mandato en enero de 2025, ha revivido su retórica ácida contra los carteles mexicanos, calificándolos como el "ISIS del hemisferio occidental" y autorizando operaciones militares y sanciones contra entidades vinculadas al narcotráfico.
En agosto de este año, firmó una directiva secreta para que el Pentágono use fuerza letal contra carteles en América Latina, incluyendo México. Además, ha impuesto sanciones a líderes como el presidente colombiano Gustavo Petro, a quien llamó "líder de drogas ilegal" y suspendió la ayuda estadounidense a Colombia por su enfoque de "paz total" con grupos armados.

Aunque la ruptura Perú-México no está directamente ligada al narcotráfico, existe una conexión indirecta. Perú es el segundo mayor productor de cocaína del mundo, y sus rutas de tráfico a menudo involucran carteles mexicanos como el de Sinaloa. La administración Trump ve a gobiernos izquierdistas como el de Venezuela, México, Cuba y Colombia como "permisivos" al priorizar políticas de no confrontación, como la legalización de drogas o el diálogo con insurgentes, en lugar de la "guerra total contra las drogas" promovida por Washington.
 Claufia Sheinbaum ha rechazado explícitamente un retorno a la "guerra contra las drogas", incluso tras el asesinato de un alcalde de Uruapan Carlos Manzo en octubre, optando por estrategias de "inteligencia y desarrollo social". En este contexto, el apoyo mexicano a figuras como Betssy Chávez podría interpretarse en círculos trumpistas como parte de una red de inestabilidad que facilita el narcotráfico y el terrorismo, al desestabilizar gobiernos aliados de EE.UU.

Geopolíticamente, esta dinámica fortalece la influencia estadounidense en la región. Perú, al romper con México, se posicionaría como un socio fiable para Washington en la lucha antidrogas, posiblemente buscando mayor asistencia en seguridad y comercio. México, por su parte, arriesga aislamiento diplomático, pero refuerza su liderazgo en foros como la CELAC, donde promueve una comunidad latinoamericana independiente de EE.UU y cercana a China. La ruptura también afectará economías interconectadas: el comercio bilateral supera los 2.000 millones de dólares anuales, y la movilidad de personas (incluyendo turismo y migración) se verá impactada por la ausencia de canales diplomáticos.

¿Hacia una Nueva Guerra Fría en América Latina?

Esta crisis diplomática podría escalar a un conflicto regional si otros países se alinean. Por ejemplo, Colombia y Venezuela, aliados de México, han criticado a Perú, mientras que Ecuador y Chile mantienen neutralidad. 
En el marco de las políticas de Trump, que incluyen designaciones de "organizaciones terroristas" a carteles y operaciones encubiertas en Venezuela y Colombia, México enfrenta presiones para endurecer su postura interna y externa. Si Trump extiende sus acusaciones a México por "proteger" a políticos como Chávez —quien, aunque no directamente ligada a drogas, proviene de un entorno acusado de corrupción y golpismo— podría justificar intervenciones unilaterales, como controles aéreos o sanciones económicas. 

En conclusión, la ruptura entre Perú y México no es solo un episodio bilateral, sino un síntoma de divisiones ideológicas profundas en América Latina, que afloran por la agenda geopolítica de Trump. Mientras Perú busca consolidar su estabilidad interna alineándose con EE.UU., México defiende principios de asilo que chocan con la nueva visión de Washington. El resultado podría ser una mayor fragmentación regional, con implicaciones para la seguridad, el comercio y la migración. 
Para resolver esta crisis, se requeriría mediación internacional, aunque las posturas de ambos lados sugieren un camino largo hacia la reconciliación dentro de la recomposición geopolítica del continente americano. 

Finalmente y como corolario del desorden geopolítico en el continente, 
el Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana anunció este lunes que la décima edición de la Cumbre de las Américas, que iba a tener lugar en diciembre en Punta Cana, ha sido pospuesta para el próximo año.
El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, dijo apoyar plenamente la decisión. También aseguró que colaborará en la planificación de un “evento productivo” en 2026 “enfocado en el fortalecimiento de las alianzas y reforzar la seguridad de nuestros ciudadanos”.
Tiempos históricos se viven en nuestro continente, estemos muy atentos.

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