El pasado sábado fui con unos amigos al Cementerio Presbítero Maestro. Habíamos participado en un tour histórico de noche, pero creo que al final lo convertimos en uno paranormal.
“Aquí se siente cargado” o “¡Tomé un orbe!” o “Parece que vi una sombra”, son algunas de las frases que decíamos mientras recorríamos el camposanto. Algunos se dejaban contagiar por el miedo y la sugestión. Pero sí hubieron algunas personas que sentíamos “algo raro” en algunos lugares: dolor de cabeza, escalofríos, pesadez y hasta “un no sé qué” que nos atraía como imán a ciertos lugares.
Pero no había de qué preocuparnos. Mis amigos y yo llevamos un poco de sal para limpiarnos de todo lo malo que pudo haberse pegado en nosotros dentro del cementerio. Ni bien salimos, nos echamos un puñado de sal y nos sacudimos la ropa. El resto del grupo nos miraba algo extrañados. “¿Qué estarán haciendo estos? ¿Alguna brujería?”
Ni brujería ni nada extraño. O bueno, sí extraño para algunos. Echarse sal después de visitar un cementerio es una costumbre japonesa para limpiarnos y para prevenir que algún espíritu nos siga a la casa. La sal es considerada como un elemento purificador dentro de la cultura japonesa y hasta de buena suerte, que hasta los luchadores de sumo arrojan un puñado de sal antes de cada contienda.
Realmente, hay muchas creencias japonesas que pueden resultar algo extrañas o contrarias a muchas otras culturas, como la peruana. Pero hay algunas creencias japonesas que son universales.
Por ejemplo, varias personas me han contado que debemos alegrarnos si soñamos con heces, porque significaría que pronto recibiremos dinero. O más explícitamente, si pisamos algún “regalito” en la calle (de perros, obviamente), el mensaje es el mismo.
Mi abuela, quien fue la que me contagió sus costumbres y creencias japonesas desde pequeña, también decía lo mismo: “¿Soñaron con unko? Alégrate pues, va a recibir algún dinero”. “Unko” es como se le conoce coloquialmente en japonés a las heces. Se dice que un posible origen de esta singular relación (heces-dinero) es un simple juego de palabra.
“Un ga tsuku” se traduciría como “se pegan las heces” o “que se te peguen las heces”. No soy buena traduciendo japonés, pero esa sería la idea. La similitud entre “un” (suerte, en japonés) y “unko” (heces) resolvería el misterio de esta analogía y que da origen a esta curiosa superstición. Parece que fuera cierto, porque a veces he recibido luego un dinero extra.
¿Coincidencia o solo una superstición? Hasta la pregunta sería necia. Basta con caminar por algunas calles de Lima, para darnos cuenta de que si esto fuera 100% cierto, creo que muchos ya seríamos hasta millonarios.
