Punto de Encuentro

Un Parlamento predecible

Para algunos el término Parlamento proviene del vocablo parlar (hablar mucho y sin sustancia), para otros de parlamentar (entablar conversaciones con la parte contraria para intentar llegar a acuerdos); siendo las conversaciones y el consenso los pilares de su trabajo, lo cierto es que el Parlamento tiene diferentes funciones (legislar, representar, fiscalizar y controlar) que debe ejecutar. 

Pretender organizar el trabajo parlamentario milimétricamente o establecer una precisión temporal de cada acto parlamentario es realmente absurdo. Además, pensar que una función no está vinculada con la otra es no tener una mirada holística del quehacer parlamentario. Sin embargo, aún cuando no es posible establecer a priori en un calendario la ejecución de cada actuación política, sí es posible programar actividades básicas del Congreso y hacer que su desarrollo sea predecible. Esa percepción de que en el Congreso reina la incertidumbre y ‘uno nunca sabe qué va a pasar’ es consecuencia de una conducción deficiente. 

En lo que se refiere a la función legislativa, el Congreso puede imprimir cierta previsibilidad. El reglamento establece la elaboración de una agenda legislativa con los temas más importantes a ser tratados en el curso de un año. Esta agenda se aprueba durante la primera legislatura (que empieza en julio) y contiene las propuestas de cada grupo parlamentario tomándose en consideración las prioridades del Poder Ejecutivo. La aprobación –por el Pleno– de este instrumento legislativo aligera la coordinación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. No impide que se traten temas coyunturales o urgentes, pero sí permite instalar en la agenda pública, con debida anticipación, los asuntos legislativos más relevantes a debatirse, lo cual promueve la participación de todos los actores involucrados y los ciudadanos en general. Esto último es importante porque no es la cantidad de leyes aprobadas el indicador del éxito legislativo sino el grado de respaldo que obtiene la ley y su impacto positivo en el desarrollo del país. Eso es lo que da sostenibilidad a las leyes. 

En lo que respecta a la función de control político, existen diversos mecanismos para ejecutarlo y algunos pueden ser calendarizados, como la estación de preguntas. La Constitución y el Reglamento del Congreso establecen que los ministros deben ir cada mes a las sesiones del Pleno para responder a la estación de preguntas. Cada congresista puede plantear al gobierno una pregunta. La ejecución de este mecanismo permite que el Poder Ejecutivo comunique y explique al pueblo determinadas acciones y políticas a través de sus representantes, lo cual –siendo parte del sistema de pesos y contrapesos– contribuye a la gobernanza e interacción permanente entre ambos poderes y entre estos con el pueblo. 

La función de representación es quizás la ejecutada con mayor previsibilidad, a través de la programación mensual de las denominadas semanas de representación. 

Entonces, aun cuando ciertos acontecimientos políticos pueden ser impredecibles, el desarrollo del trabajo parlamentario no tiene porqué serlo. 

Es pues evidente que la forma de conducir el Parlamento influye directamente en su imagen, puede lograrse una percepción de orden, independencia, coordinación y consenso; o de caos, sometimiento, incertidumbre, crisis y enfrentamiento político. Las negociaciones políticas y el consenso son necesarios –intra y extra Congreso. Sin consenso no hay decisión política sostenible, sin coordinación no hay trabajo eficaz entre poderes; sin comunicación, simplemente no hay sintonía con el pueblo y los demás actores. 

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