Los peruanos vemos con preocupación el desgobierno y la poca reacción del presidente Ollanta Humala para superar los diversos problemas que día a día afectan la marcha del país y nos preguntamos dónde están los garantes, hoy comprendemos el silencio del garante principal, Mario Vargas Llosa, quien obviamente tiene la cabeza en otra parte.
Nuestro premio nobel pasó de “garante a galante”. La portada de la revista española Hola nos sorprendió a todos al publicar la fotografía de Marito muy bien acompañado de Isabel Preysler.
Junto a la recién enviudada Presley, Vargas Llosa parece haber olvidado totalmente su participación en la segunda vuelta de electoral del 2011 en el Perú, cuando fue un apoyo importante para que el entonces candidato Ollanta Humala lograra la credibilidad que necesitaba para ganar a su oponente Keiko Fujimori.
Es decir, contribuyó al cambio de imagen (del polo rojo al polo blanco) que permitió el triunfo del nacionalismo. De la mano de Vargas Llosa, el hoy presidente dejó de lado la gran transformación por la hoja de ruta, que contó con la venia del escritor y otras personalidades.
El entonces candidato Humala se comprometió ante el nobel, entre otros temas, a respetar los resultados de la segunda vuelta. El aporte de Mario Vargas Llosa fue importante para el triunfo del presidente Humala, así lo reconoció el propio congresista Daniel Abugattás, el 22 de abril del 2013.
“El aporte de Mario Vargas Llosa como garante fue fundamental”, dijo Abugattás. Pero en los últimos meses, el garante se había quedado mudo y muchos nos preguntábamos, ¿dónde está? Hoy sabemos que estaba escribiendo una novela rosa que el mismo protagonizará.
Según la revista Hola, el nobel asistió a una gala benéfica del príncipe Carlos de Inglaterra acompañado de Isabel Presyler –quien enviudó hace ocho meses-. Luego, en Madrid, se les vio almorzando juntos. Confirmándose de esta manera el inicio de una nueva relación del escribidor.
Al garante ya no le interesa que la inseguridad ciudadana se incremente día a día en el país, ni el enfriamiento de la economía, ni las posibles irregularidades cometidas por la primera dama y su entorno familiar. Ahora don Mario está viviendo su propia hoja de ruta, mientras nosotros padecemos los errores de su garantizado.