La actriz Michelle Rodríguez vino al país para hacer un documental sobre el trabajo infantil. Se llevó una impresión tan espantosa que solo pudo decir: “No vuelvo más al Perú”.
¿Qué había visto Rodríguez para rechazar cualquier posibilidad de regreso? Si se dedica a ver el trabajo infantil en el mundo ¿Por qué le chocó tanto lo que sucede en el Peru? Porque las desgracias en el Peru son dantescas. Son incomparables. Superamos a todos.
Vio a los niños, niños de menos de ocho años trabajando en ladrilleras, haciendo ladrillos y cargándolos con pesos por encima de su capacidad. Niños que junto con sus padres tratan de ganar un poco de plata para poder comer ese día. La familia recibe por este trabajo alrededor de quince soles. ¿Descubrió algo la actriz Rodríguez? Tal vez les descubrió los ojos a quienes no sabían esta realidad, pero a los que nos interesamos por los temas sociales, nada nuevo nos ha dicho. Por eso, ¿ampay? Ninguno.
La situación es peor. Esto no sucede solo en una ladrillera. El Perú está lleno de casos de infantes que trabajan para llevar algo de plata a sus hogares, en muchísimas ladrilleras alrededor del país, pero también en basurales, buscando y recogiendo aquello que podrían vender o comer. Por favor, imagínense a un niño buscando qué comer en un basural. Solo traten de imaginarlo. Estos niños, claro, no asisten al colegio y lo que hacen es perpetuar niveles de pobreza que deberían avergonzarnos. ¿Cuál ha sido el último planteamiento del Gobierno para resolver esto? Pues ninguno. Son niños invisibles. Nadie los ve. Nadie los oye. A nadie le importan.
Niños que, además, tendrán todas las enfermedades gastrointestinales y daños a la espalda posibles. Trabajan con basura y no tienen agua para lavarse después. Las diarreas los mataran pronto. Cargan ladrillos que les revientan la espalda y eso, tarde o temprano, les impedirá caminar derechos.
Por si alguien no lo está entendiendo, el problema es idéntico en niños y niñas. Por si alguien se está confundiendo, esto sucede en las ciudades de la sierra, pero también en la costa. Esa costa progresista de crecimiento sostenido en su economía.
¿Puede el Perú llamarse 'sociedad' cuando tiene en abandono y desprecio a sus niños? ¿No era que estábamos progresando en temas de educación escolar? ¿Sabe el ministro del sector los graves niveles de deserción en los colegios peruanos porque los niños deben trabajar con sus padres para sobrevivir? Dice la Biblia que quien salva a un hombre es como que salvara al mundo. Vamos a aplicar el mandato de manera opuesta: mientras haya un niño que no asiste a la escuela porque tiene que recoger basura para vivir, todo el sistema educativo es un fracaso.
¿Dónde está el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables? ¿Dónde está el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social? Habrá que recordarle a uno que no hay población más vulnerable que estos niños, y al otro, que no existe ni cerca la inclusión social cuando hay niños de cinco años cargando más de un kilo de ladrillos.
La actriz vino e hizo bulla. Bien. Todos los medios de prensa le dedicaron páginas y programas a este tema ¿no? Pues no. Nada. Cero. Lo que importa en el Perú es Martín Belaunde. Un niño que busca alimentarse de la basura que otros botan, no importa, no es nada nuevo, seguirán ahí mañana, así que ¿para qué hacer una nota sobre eso?
Peor aún, el número de niños que no van a la escuela o la abandonan para ayudar a sus familias en el sostenimiento económico está aumentando. Pero si la economía va bien, ¿por qué a estos niños les va tan mal? Porque es una ilusión creer que al Perú le va bien. Es a algunos afortunados a quienes les va bien. A los pobres les va peor que nunca. Es tal la avaricia, el egoismo, la desesperación por la acumulación, que lo que antes se llamaba 'chorreo', y ofendía a los que hoy gobiernan, ya ni existe. Los premiados por la fortuna no soportan ni que se les chorree nada. Ni migas de pan. Todo, todo para ellos. Para los pobres, solo esos penosos programas sociales.