Punto de Encuentro

¡Mottainai! Todavía sirve

“¡Mottainai! No dejes nada en el plato” o “¡Mottainai! Todavía sirve”, son algunas frases que los japoneses (y casi todos los nikkei) siguen escuchando en sus casas.

“Mottainai” es una palabra japonesa que significaría “Qué lástima que lo botes” (y algunos añadirían “… Porque todavía sirve”).  En una sola palabra, se resume lo que ahora conocemos como “la cultura del reciclaje” o “las 3 R” (reducir, reusar y reciclar).             

Su origen es antiguo y se dice que tiene orígenes budistas. Su significado ha traspasado fronteras en las últimas décadas y se ha vuelto conocido incluso en las ciencias medioambientales.

No es una moda, pero sí una costumbre que se aprende en casa. “Hay que aprovechar hasta el último granito de arroz”, como dirían nuestras abuelas. Pero no solo los granitos, sino también el agua con el que se lava, que era usado como sustituto de la leche materna y su harina, para hacer la comida del bebé. Su uso es tan versátil en Japón, que hasta ahora lo incluyen para preparar dulces y sake (licor de arroz)[1]. Con tantos usos, ¿No sería “mottainani” no aprovechar bien el arroz?

Durante la época de guerra, la “cultura mottainai” llegó a ser una necesidad. La comida era lo que más escaseaba. En Okinawa, que fue una de las islas más afectadas por la guerra mundial, esta cultura era más que evidente. Se aprendió a provechar lo que otros desechaban. Las latas vacías de comida servían para fabricar el kankara sanshin, que es un instrumento típico parecido a la guitarra pero hecha de latas vacías. Pero, ¿pensar en música cuando no hay que comer? ¡Claro que sí! Podrá escasear la comida o haber tiempos difíciles, pero nada puede quitarle a uno las ganas de continuar la vida,  alegrándonos el espíritu con la música.

Hay que ser “mottainai”, especialmente con la comida, no botar nada y aprovechar todo. Hasta hay un refrán okinawense que dice: “Se come todo el cerdo, salvo sus cascos y su oink”. En pocas palabras, se aprovecha el cerdo al máximo.  Mimigaa (a base de las orejas del cerdo), Rafutii (estómago), Ashitibichi (patas), Nakami jiru (tripas) o Chiraga (piel de la cabeza), son algunos platillos okinawenses que nos muestran qué tan versátil resulta ser el cerdo en la cocina (y qué tan “mottainai” sería no hacerlo).  

Y nosotros, en casa, seguimos con la “cultura mottainai” de mi abuela. Ya es una costumbre de casa reusar los envases de las comidas al peso que nos dan los supermercados o usar las tapas de las latas de Milo como posavasos. Y ni qué hablar de la comida, que solemos preparar un arroz chaufa con las sobras del día anterior, porque “botar así nomás es “mottainai”.

[1]Mary FUKUMOTO. Hacia un nuevo sol (1997). Págs. 403-404.

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