“Señora, qué tal. Deseo hacer un informe sobre las masajistas invidentes”. Tras expresar esta línea me identifiqué como periodista de TVPerú en la puerta de la Unión Nacional de Ciegos, frente a la plaza Bolognesi, en el Centro de Lima.
La recepcionista muy amable me hizo pasar. Mi camarógrafo esperó afuera del recinto. Bajó uno de los terapistas y me indicó pedir permiso a uno de los dirigentes. Acepté. Me dieron su teléfono celular y lo llamé. Solicitó que lo esperara porque ya estaba cerca.
Por suerte, había otra dentro de la institución. Me presenté nuevamente. La mujer me preguntó cuál era mi intención y a qué medio pertenecía. Segundos después consulté si podía pasar mi compañero. Ella dio una afirmación. Mi amigo Luchito entró con su equipo. Portaba un pechero gigante que daba cuenta que laboraba para el canal del Estado.
La recepcionista sí podía ver. Ya juntos, nos volvieron a preguntar nuestros nombres e intenciones. La dirigenta se volvió hacia mí. No me divisaba pero sí sabía muy bien donde estaba.
En esos instantes llegó el otro directivo. Noté que sospechaban que estábamos mintiéndoles. La dama de la puerta absolvió mi presentimiento. Unos desgraciados se habían hecho pasar hace poco como reporteros de un periódico para robarles.
Se certificó que decíamos la verdad. Hice que palparan el micrófono y la cámara. Rompí el hielo y nos invitaron a pasar. Ya en confianza, tras grabar las últimas tomas de apoyo, me revelaron qué había pasado.
Unos sujetos se hicieron pasar como periodistas del diario Trome para hacerles un presunto reportaje. Cuando acabaron, pidieron colecta a todos los que se hallaban en ese momento en la institución. Ellos dieron el dinero que alcanzaron reunir. Pensaron que era algo normal.
El dirigente que me contó la historia estuvo ese día del incidente. Le pareció raro esa actitud. Los invidentes llamaron a la redacción del medio de comunicación. Por teléfono se dieron con una sorpresa. No habían mandado ni siquiera al practicante.
Unos ladrones se hicieron pasar como colegas míos para abusar de la buena atención de estas personas. ¿No les da cólera? ¿Robarle a un ciego? Ya pues.
Realmente calienta la ushma, como diría mi mamá riojana, enterarse de estas cosas. Por eso, aquí viene el cherry para ayudarlos. Amigo lector, ¿estás estresado, te duele el cuello y no te bombea bien tu corazón? Paga 32 soles en la Unión Nacional de Ciegos y tendrás una sesión de casi una hora de los mejores masajes que puedas imaginar. Tienen magia en sus manos.
Y como diría mi amigo Martín ‘Cura’ Fernández, esta es la del estribo. Por el día del padre realizarán una rifa para comprar sus cosas. Si te ofrecen, no digas que no. Cuesta un nuevo sol. Citando a un filósofo de microbús: No te hace ni rico ni pobre, pues varón.