Punto de Encuentro

El último en salir apaga la luz

La denuncia de seguimiento a políticos y empresarios ha logrado destrabar el fluido transito de imputaciones que se hacían el ejecutivo y la oposición en esta última etapa. Presos de la confusión no había diferencia entre uno y otro. La balanza inclinada a favor de la victima ha servido para trazar una línea indeleble entre los propósitos de los dos en conflicto. Por una parte un ex militar acompañado de personas con total desconocimiento sobre “modales democráticos”y por el otro lo más formal de la política con toda su habilidad en la punta de la lengua.

Puesto en un plano menos descriptivo-la psicología también juega su partida- podemos observar que desde algún sector de la política y con la sutileza de un cirujano se ha operado con relativa facilidad sobre la poca confianza del entorno más intimo del gobierno, desatando un legitimo sentido de autopersecución en sus más insignes partidarios. El desenlace natural de este proceso es la descomposición de la moral palaciega y el prematuro alejamiento- si te vi, no me acuerdo-de sus amigos más incondicionales. Situación penosa a falta de diecinueve meses de dejar el poder y del cual Sergio Tejada es indicador y da el más patético de los ejemplos en estas últimas horas.

Pero la derrota no se restringe a palacio, el gremio más influyente del país(CONFIEP) acaba de incendiarse al frente de su poca “experimentada dirigencia”, que tras el anuncio que hiciera Ollanta Humala de aceptar debatir en el parlamento la ley que implementa el nuevo régimen laboral juvenil, será el lunes 26 de enero la más joven y bonita de las novias rechazadas en el altar. Alfonso García Miró es un reconocido ciclista y también -se dice -un buen administrador de grandes capitales nacionales, pero un inadecuado “representante político gremial” como la coyuntura lo explica. Un mal precedente para la derecha en un año preelectoral donde se necesita hilar fino, muy fino.

Para terminar, el formato, la plantilla, el modelo Belaunde Lossio debe enfrentarse a una propia y profiláctica actitud desde adentro. La política debe desterrar al facilitador, al obsecuente de la previa electoral con una fiscalización partidaria más rígida. Recuerde usted que se le puede colar un corrompido en casa, pero un partido entero vigilando la cúspide donde reside sus amplias o diminutas posibilidades es un huesito duro de roer.

 

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