Los recientes movimientos de jóvenes, a nivel mundial y en contra del establishment de la institucionalidad política, ideológica, cultural, religiosa y gubernamental de sus respectivos países, son la mejor y mayor demostración del Cambio Generacional que está sorprendiendo a muchos politólogos e intelectuales, especialmente de la corriente progresista e izquierda. Este Cambio Generacional no solo implica el surgimiento de grupos etarios más jóvenes, sino también, la aparición nuevas prioridades (más tangibles y menos ideologizadas), perspectivas y objetivos de vida de los grupos Millenial y Z. Lo que ahora está ocurriendo en Irán, donde el 60% de su población ha nacido después de 1979 (caída del Sha y comienzo del gobierno teocrático de los Ayatollas), es una muestra concreta de la desconexión entre un Gobierno gerontocrático y su población más joven y mayoritaria.
En Europa, donde aún siguen predominando gobiernos globalistas y progresistas, con ideas identitarias, de minorías, pro-migración a Europa y ultra defensoras del medio ambiente, han destruido los sectores productivos más importantes de Europa, y con mayor daño a las industrias automotrices de Alemania, Francia y España. Generándose así un gran desempleo en su población económicamente activa, lo cual también ha conllevado a menores ingresos y menos acceso a viviendas con precios razonables. Y son justamente los jóvenes, quienes están reaccionando al status quo, mediante su viraje político e ideológico hacia partidos conservadores y soberanistas de derecha como AFD en Alemania, Agrupación Nacional en Francia, Vox en España o Hermanos de Italia, donde ya es gobierno con Giorgia Meloni.
En América Latina, los resultados de los procesos electorales de 2024 y 2025, son coherentes con este Cambio Generacional, donde los jóvenes se han inclinado a votar por candidatos de derecha dura y conservadora como Bukele, Milei, Noboa y Kast, los cuales tienen en común dos puntos: 1. Haber conectado con la población, y haber aterrizado sus propuestas a solucionar problemas concretos como inseguridad, crímenes violentos e inmigración ilegal. 2. Haberse posicionado sin complejos, en la antípoda de la izquierda progresista e identitaria, rescatando valores conservadores como la vida, la familia, la fe religiosa y noción de Patria.